sábado, 4 de mayo de 2013

Dibujar con pólvora


Por estos días, el artista chino Cai Guo-Qiang está exponienco en Sao Paulo, Brasil, en el Centro Cultural Banco do Brasil y el Prédio Histórico dos Correios. En este video se ve como el artista dibuja con pólvora en compañía de numerosos asistentes. Llama la atención que el artista dibuja en público, en una especie de performance, y los dibujos resultantes serán expuestos en sala posteriormente. Guo-Qiuang se toma todo su tiempo y compone todo minuciosamente, después enciende la mecha y en un par de segundos se concreta la obra.

domingo, 21 de abril de 2013

El retorno de lo real en el Caribe


El artista colombiano Cristo Hoyos (Sahagún, Córdoba, 1952) presenta en la Galería de la Aduana una exposición titulada Cuadros Vivos. Con su tratamiento pictórico particular de mancha y color, pero con un acercamiento más significativo a la realidad político social colombiana, la obra de Cristo está conformada por tres imágenes murales de gran formato, acompañada cada una de ellas de un texto a manera de “pie de foto”, resultado de una  apropiación de relatos de la prensa escrita y que alude a la cruda situación social colombiana. El texto no se puede leer completo, porque se compone (o descompone) de frases cortas, fragmentos, en una especie de acervo de titulares aciagos.
Son pinturas al óleo realizadas del 2008 al 2010, que muestran diversos personajes pertenecientes a las diferentes clases sociales ­-severamente estratificadas- de la extensa región del Caribe colombiano y de todo el país. Después de la visión de conjunto cuando se entra a la sala, el acercamiento al primer plano de la imagen crea la impresión de que los protagonistas posan para el espectador de acuerdo a una severa estratificación. De tal manera, que la mirada recorre la composición y puede detenerse en las personas y los personajes, los desplazados y elegantes emplazados por la justicia, las víctimas y los victimarios, los desposeídos con sus harapos y los poderosos con sus galas, fastuosos uniformes y vocación sempiterna de mando.
La obra de Cristo surge de escudriñar diferentes regiones de Colombia y las tradiciones populares de los pueblos del Caribe, como las prácticas estéticas de los cuadros vivos de Galeras (Sucre). El artista confronta su experiencia con las imágenes y textos que se registran a diario en la prensa nacional sobre la convulsa realidad colombiana, en contraste con esa otra selecta realidad (alter patria) que posa altiva para las caras fucsias del jet-set.

miércoles, 14 de noviembre de 2012

Cuando leer sobre estética se vuelve una experiencia estética


En el prefacio de sus Principios de Filosofía recomendaba el filósofo Descartes que su libro debería leerse por primera vez entero como si fuera una novela, sin detenerse, aunque no se entendiera muy bien. Y que él se atrevía a creer que las dificultades de comprensión de los significados de su texto bien podrían solucionarse a la cuarta lectura del libro.
Así, como lo reconoció Descartes, no siempre ha sido fácil leer sobre teorías estéticas en los textos originales de los filósofos. Para muchas personas, que no tienen una especial motivación o la obligación de leerlos, como si la tienen los estudiantes de arte, muchas veces esa lectura se les torna farragosa y termina con languidez en las áridas arenas de lo tedioso. Es entonces cuando se hace necesario un texto didáctico que les ayude a abordar de manera apropiada y sin abrumadora densidad las teorías estéticas, y los retorne, con nuevos bríos, a las fuentes primarias.
El libro Arte y Conocimiento, del profesor Rodolfo Wenger, tiene esa propiedad de ser un texto que le permite al lector introducirse adecuadamente en la lectura de los teóricos de la estética y el arte y lo invita a prepararse para abordar con mayor aliento y profundidad aquellos planteamientos que le sean más atractivos o necesarios.  El lenguaje que utiliza, la estructura del ensayo, el esclarecimiento del núcleo teorético, la sintaxis y léxico accesibles, hacen de este libro una pieza clave para ser consultada en los espacios abiertos de las escuelas de arte y en las bibliotecas de los estudiosos del pensamiento sensible y del mundo de las artes. 
Al mirar la tabla de contenido nos damos cuenta de la intención del autor de establecer una senda particular por la que discurra el pensamiento estético de la modernidad y la postmodernidad. Sin querer abarcarlo todo, Wenger se detiene en los planteamiento que han generado ricos debates en distintos momentos de la historia de las ideas estéticas.
En este libro, su autor comienza analizando las ideas kantianas sobre el juicio estético, con  mesura y equilibrio, pero también con pasión intelectual y gusto estético hasta el punto que termina algunas frases con signos de admiración. Explica características importantes del juicio del gusto y valora los aportes de Kant a la conquista de la autonomía del sujeto, la actitud crítica que todos debemos asumir y la posibilidad de juzgar libremente en el campo del arte.
Realiza un abordaje de la concepción de ilusión y su relación con el arte del filósofo Nietzsche, enfatizando su iluminación metafísica sobre el sentido del ser en su famosa frase: “solo como fenómeno estético está justificada la existencia del mundo”. Enuncia que el arte es un problema filosófico porque concierne a la relación arte-mentira y a la creación de ilusiones, y puntualiza que en el arte la voluntad de poder (ilusión, mentira), que nos permite reducir la realidad cruel, aparece exaltada y magnificada.
Conecta a Nietzsche con Heidegger y Gadamer para exponer los planteamientos de una hermenéutica filosófica y la pregunta por la esencia del arte. El arte es una forma de conocimiento y la comprensión de la obra de arte posibilita confrontarnos con la interpretación como estructura originaria de nuestro ser-en-el mundo, y concluye subrayando el planteamiento heideggeriano de que la esencia del arte es la poesía.
Sigue con Adorno, que reafirma el potencial crítico del arte frente a la sociedad y como, consecuencialmente, la obra de arte auténtica es negatividad y un enigma inconmensurable en un medio social que aspira a lo universal, lo calculable y lo útil.
Prosigue con el filósofo Wittgenstein aclarando que la estética de Wittgenstein no es propiamente una estética, sino una manera de hacer filosofía, una crítica no al arte como tal sino al lenguaje sobre el arte, el cual es un juego de lenguaje más.
Después, el profesor Wenger se interna en la filosofía analítica norteamericana y de la mano de Goodman se pregunta no ¿Qué es el arte? sino ¿Cuándo hay arte? Y enfoca las artes, que son sistemas de simbolización distintos,  como maneras de hacer mundos. Los mundos que construye el arte no son solo mundos ficticios, sino que son al mismo tiempo reales.
Enlaza con Artur Danto explicando su tesis de los indiscernibles y de cómo las obras de arte no pueden definirse en términos estrictamente perceptivos y resalta que para Danto lo que le confiere el estatuto de obra de arte a un objeto es el discurso de razones que constituye el mundo del arte construido institucionalmente, con lo cual defiende un teoría cognitiva del arte y del mundo del arte.
Aterriza en las tesis de Foucault de que el lenguaje y la pintura son irreductibles uno a otra. La visibilidad y la decibilidad son las fuentes principales del saber, y el poder es la fuerza que articula ese saber, es decir, la fuerza que une lo decible con lo visible.
Y termina, el profesor Wenger, exponiendo sucintamente algunos planteamientos sobre la postmodernidad de los filósofos Deleuze, Jameson, Lyotard, Vattimo y Wellmer, y afirmando que la principal característica de la postmodernidad es la deconstrucción de la episteme moderna en la que la razón y su sujeto ­–como detentador de la ‘unidad’ y la ‘totalidad’– vuelan en pedazos y dándole al término episteme el sentido foucaultiano como modo de ser del pensamiento que varía históricamente.
En el mundo actual cada vez más tecnificado –en medio de la ‘estetización difusa’– en el cual trata de imponerse un pensamiento único y globalizado de acuerdo con poderosos intereses económicos, el arte y la estética pueden constituir un ámbito de resistencia creativa, porque con el arte se crean mundos posibles, universos imaginarios que le dan sentido a la existencia. El arte da “visibilidad”, permite ver el mundo con otros ojos, y al verlo con otros ojos posibilita su transformación.
Por último, este es un libro que puede llevar al lector a un recorrido muy sugestivo por momentos culminantes del pensamiento estético occidental. Con un lenguaje que el autor se esfuerza que resulte sencillo, lo que no escapa a lo pedagógico, este texto se hace cómodo, que no fácil, de leer y, por lo mismo, un acucioso lector puede tornar su lectura en una verdadera experiencia estética.

domingo, 9 de septiembre de 2012

Catatumbo: Metáfora del despojo


En las instalaciones del Museo de Arte Moderno de Barranquilla se encuentra abierta al público la muestra Catatumbo de la artista colombiana Nohemí Pérez (Tibú, 1962).  Después de hacer el primer recorrido por los distintos espacios, nos llama la atención en este proyecto la rica relación que presenta entre la resolución de sus formas plásticas, la materia y la controversial temática.
La estructura formal es compleja, como muchos de los proyectos artísticos que elaboran hoy los artistas contemporáneos (Jaar, Hacke, Hirschhorn…). Las diferentes piezas que componen la obra (instalaciones, fotografías, dibujos, esculturas) ya no se pueden “leer” de manera individual y autónoma, como ocurría en el pasado cuando se tenía el concepto cerrado y unitario de la obra de arte. Todo ha cambiado, ya no es la exposición de ocho o diez obras independientes, con sus respectivas fichas técnicas, sino la exhibición de un solo proyecto con varias piezas configurantes, aunque ellas estén instaladas en distintos espacios del museo.
De las cuatro toneladas del negro carbón mineral de la pieza principal, surge con claridad la idea central de la obra: la sostenibilidad del sistema financiero mundial con base en la explotación de los recursos fósiles de nuestro consumido planeta y de Colombia, principalmente. Pero, también pone en perspectiva la nefasta relación desventajosa entre los países pobres en gobierno, pero ricos en recursos naturales y el nuevo poder globalizado de las corporaciones transnacionales.
Justo en este momento, en que la opinión pública alerta sobre el contrato leonino y vergonzoso entre el Estado colombiano y la multinacional BHP Billiton que opera Cerro Matoso, la obra de Pérez refuerza su vigencia y contribuye, desde el campo del arte, al debate sobre la depredación de los recursos mineros en Colombia.

Se destaca el contraste formal y conceptual entre la enorme pila de carbón en bruto y las pulidas formas (también de carbón) de los edificios incrustados en la superficie. En arte, la materia en bruto tiene poco valor, realmente, pero la escultura ya terminada adquiere un elevado valor en el mercado. La corporaciones pagan ínfimas regalías por los recursos que se llevan de nuestros países subdesarrollados y reciben pingües ganancias cuando ese mismo material –sin necesidad de “tallarlo”- lo venden en las bolsas de valores. Nuestras riquezas desaparecen frente a nuestros ojos, sin poder hacer nada, como el polvillo de carbón que se desprende paulatinamente de los dibujos que realzan los nombres de los lugares del despojo: La Jagua, Barrancas, Angelópolis, El Descanso, Dibuya, La Loma, Catatumbo y otros, o como lo expresa el curador de la muestra, el maestro José Alejandro Restrepo: “Aquí son dibujos que se desvanecen; aquí son metáforas de la evanescencia; allá, contaminación y desastre a cielo abierto”.
En esos rascacielos del primer mundo, que reconocemos enseguida por sus icónicas formas arquitectónicas, se encuentran las oficinas de donde salen los planes de explotación de los recursos naturales del planeta y de Colombia. Viéndolo bien, esos edificios deberían tener el mismo color de las esculturas de Nohemí: negro, porque fueron construidos con recursos provenientes del negro petróleo, del carbón y de los oscuros contratos de explotación embebidos de la turbia y viscosa corrupción gubernamental.

domingo, 8 de julio de 2012

Diversidad y resistencia en el arte del Caribe colombiano
14 Salón Regional de Artistas Región Caribe, 2012

Un grupo de creadores jóvenes que declaran un paro de artistas para protestar en contra de diversas problemáticas del arte y la sociedad, un artista que arrastra una pesada canoa por una calle donde pasa uno de los más caudalosos arroyos de Barranquilla, una casa tugurial de madera construida dentro del Salón “decorada” totalmente en su interior con recortes de revistas y los 170 m2 de una diversidad de personas dibujadas directamente sobre las paredes de una sala (y que serán borradas al final del evento), son algunas de las 19 propuestas artísticas que el público samario y de toda la región Caribe podrá ver en el recién inaugurado Salón Regional de Artistas.
El Grupo Curatorial Atarraya, de la ciudad de Santa Marta, estuvo a cargo de la realización del 14 Salón Regional de Artistas Región Caribe 2011–2012, que está considerado como el evento expositivo más importante de las artes visuales en el Caribe colombiano y que cuenta con la promoción del Ministerio de Cultura de Colombia.
Los curadores, después de una larga investigación, seleccionaron proyectos artísticos ejecutados por 14 artistas individuales y 5 colectivos, prevenientes de todos los departamentos del Caribe, para un total de 35 artistas participantes.
Los grupos de artistas seleccionados son: Colectivo En Construcción de Barranquilla, Colectivo Octavo Plástico de Cartagena, Mauricio Zequeda & Ronald Prado de Valledupar, Colectivo Aguafuerte de Montería y el Colectivo Aguante de Gamarra.
En el Salón muestran sus obras los artistas Eduardo Butrón de Magangué, Viviana Covelli de Santa Marta, Osby Cujia de Valledupar, Rafael GómezBarros de Santa Marta, Lina M. Espinoza de Cartagena, Eduardo Fuentes de La Guajira colombo-venezolana y Omar Mizar de Soledad.
También fueron seleccionados Manuel Páez (Bocese) de San Andrés, Yussy Pupo de Barranquilla, José́ Luis Quesseps de Sincelejo, John Quintero de Santa Marta, Milagros Rodríguez de Barranquilla, Esteban Torres de Ciénaga y Cesar José́ Olano de Cartagena.
Como en cualquier Salón de arte contemporáneo, en este Regional podemos observar una diversidad de medios y modalidades artísticas como  intervenciones en el espacio público, fotografías digitales, esculturas, medios electrónicos, instalaciones, pinturas y acciones performáticas.
Con el uso de sintetizadores y otros dispositivos de procesamiento de sonidos, el Colectivo Octavo Plástico, integrado por un artista plástico, una historiadora y un músico, inundó el ambiente con una serie de sonidos y palabras amplificadas que van recreando el paisaje caótico sonoro de las ventas de mercado en Cartagena. Recorriendo la senda abierta por  el destacado artista caribeño, residenciado en Londres, Oswaldo Maciá, el colectivo investiga las conformaciones que giran en torno a la producción de sonidos, gritos, susurros, estallidos, musicalidades, ritmos y secuencias en el espacio público de las ciudades del Caribe.
Con otra serie de ritmos visuales, el artista samario Rafael Gómezbarros, que participó recientemente en la Bienal de La Habana, presenta cuatro módulos de un metal reflectante a los cuales se adhieren 431 cucharas en cada uno, formando una modulación y multiplicación visual que alude a las precarias condiciones alimenticias de gran mayoría de la población caribe colombiana.
Enarbolando la palabra que cuestiona, el gesto imponente, la proclama, la acción directa y otros recursos movilizadores, el colectivo en Construcción llama a la gestación de un paro de artistas, para llamar la atención sobre las nefastas relaciones del arte con el mercado capitalista salvaje, la lividez del sistema artístico, la misma “obra de arte” y la significación que el paro tendría para “resistir la barbarie y la alienación rampante”. 
La artista Viviana Covelli traslada completa una casa de una familia campesina de la vereda Tres Esquinas de El Difícil, con sus escasos muebles, hamacas y enseres, la que ha sido completamente cubierta en sus paredes interiores con recortes de revistas, en una especie de collage totalizador. Covelli busca propiciar una reflexión sobre la emergencia de manifestaciones de una estética popular que reclama espacio en la visualidad contemporánea.
También del campo, el artista sucreño José Luis Quesseps extrae los materiales con los que ejecuta su obra modular, consistente en 12 piezas de gran formato fabricadas con boñiga de vaca, achiote y matarratón, entre otras substancias, a los que les ha grabado con el mismo sello la palabra “Cowlombia”, aludiendo a las condiciones de atraso, injusticia y barbarie que se manifiestan no solo en la región Caribe, sino en todo el campo colombiano.
Sorprende la apropiación que hacen de una gran sala los artistas Mauricio Zequeda (ganador de Premio Botero) y Ronald Prado. Empleando muchos días, previos a la inauguración, ellos se dedicaron a dibujar directamente sobre las paredes, empleando grafito, carboncillo y lápices de colores, una multiplicidad de imágenes que han sido enviadas a su sitio en Facebook por las personas que respondieron la convocatoria. Los artistas las dibujan, luego las borran al finalizar el salón, pero las vuelven a instalar interpretadas en la Red para continuar el ciclo incesante de las imágenes en la visualidad contemporánea.
Igualmente, utilizando la web (http://www.facebook.com/el.polizonte.9), Milagros Rodríguez crea su avatar y lo pone a viajar por diversos lugares del mundo, como así lo demuestran las fotografías donde aparece en lugares famosos. Un muñeco feo, hecho con materiales reciclados, encarna el alter ego de la artista que así, curiosamente, puede vivir y expresar lo que la agobiante realidad cotidiana no le permite, como le sucede a millones de colombianos.
En el Salón llama la atención un video donde se observa al artista Yussy Pupo halando una pesadísima canoa en una calle del centro de Barranquilla, por donde irrumpe, en época de lluvias, el caudaloso arroyo de la Paz. A pleno sol y descamisado, este estudiante de Artes Plásticas de la Universidad del Atlántico, realiza una tarea titánica de casi un kilómetro de recorrido, que al principio el espectador no le ve la razón práctica, como en las acciones “insubstanciales" de Francis Alÿs, pero al final se queda pensando sobre la problemática de la parálisis del flujo artificial de la ciudad por el flujo natural de los arroyos.
Otra canoa, más pequeña y atiborrada de objetos domésticos o llevando una Inmaculada que por cabeza ostenta un cráneo pelado de vaca, ponen a navegar por ciénagas o por las calles inundadas de pueblos ribereños, los integrantes del colectivo Aguante, en una constatación de originales prácticas culturales que nacen de los estragos que causa el incontenible río Magdalena.
También del río, pero en Magangué, Eduardo Butrón recoge miles de bolsas plásticas de agua arrojadas por la incuria de los pobladores y construye un tejido que se asemeja a los trasmallos de los pescadores, los que, paradójicamente, a veces se quejan de la escasez de peces por la contaminación del río.
A estas alturas del recorrido por el salón nos preguntamos: ¿Es el Salón un reflejo de la gran diversidad cultural del Caribe colombiano? Se puede mirar como la confluencia de una serie de visiones heterogéneas y hasta contrapuestas en el campo del arte y la cultura? ¿Cuál es el objetivo de los curadores al presentar obras tan disímiles en temáticas, medios, estéticas, técnicas e intencionalidades? Las respuestas las podremos obtener haciendo un pausado recorrido del Salón Regional o en las visitas guiadas que tienen programadas el equipo de Atarraya conformado por Javier Mejía, que fue curador del Museo Bolivariano de Santa Marta y del Museo del Caribe; Edwin Jimeno, artista samario ganador del segundo premio en el Salón Nacional del año 2000; Jaider Orsini, artista visual y gestor cultural de Valledupar, y Stefannia Doria, actual curadora del Museo Bolivariano.
Para finalizar, ellos plantean que el salón tiene también un enfoque pedagógico que apunta a la creación de una plataforma didáctica, la cual busca reunir estudiantes, profesores, instituciones, adultos, jóvenes, niños, comunidades rurales, entre otros, para facilitar -a través de la interpretación de la obra artística y/o de la curaduría- el encuentro de saberes y experiencias.
Para ello, además de los discursos especializados, proponen la realización de Laboratorios de aprendizaje y estrategias de Formación de públicos, que persiguen democratizar el acceso a la cultura y el arte, y sobre todo, facilitar las herramientas para que el ciudadano del común pueda acercarse y apreciar en toda su dimensión lo que proponen los artistas.