lunes, 8 de junio de 2015

Summer Afternoons del canadiense Jeff Wall


Esta inquietante fotografía hace parte del díptico "Summer Afternoons" del artista canadiense Jeff Wall y se expuso en el Stedelijk Museum de Amsterdam. La actitud distante de la mujer desnuda, el amarillo brillante que se apodera de la escena, la alfombra verde y la atmósfera expectante nos recuerda algunas pinturas de Edward Hopper. http://www.moma.org/interactives/exhibitions/2007/jeffwall/



Da la impresión que las columnas y vigas del Palais de Tokio de París se transformaran en ramas de árboles formando una intrincada maraña que altera y reconfigura la arquitectura y el espacio del Museo. La instalación titulada "Baitogogo" es del artista brasileño Henrique Oliveira y pervierte la unidad constructiva artificiosa introduciendo unas formas orgánicas que no siguen orden alguno. 
Foto de Néstor Martínez Celis.

El artista noruego Per Kristian Nygard trae la naturaleza real a la galería que resulta ser un espacio insuficiente. La hierba que crece durante la muestra invita al espectador a un posible paseo, el que resulta imposible por percibirse como un paisaje de miniatura. 
Foto de Néstor Martínez Celis.

"Cosa Cósmica" es una obra muy conocida del artista mexicano Damián Ortega, que se expone en el espacio Hangar Bicocca en Milán, Italia. En la instalación se reconoce el famoso carro Volkswagen, el muy popular taxi de la Ciudad de México, que ha sido desarmado y vuelto a configurar con todas las piezas pendiendo del techo por separado. 
Foto de Néstor Martínez Celis.

domingo, 24 de mayo de 2015

Tomás Saraceno. "En Órbita"

Foto de Néstor Martínez Celis.
"En Órbita", 2013,  es una gigantesca instalación del argentino Tomás Saraceno bajo la cúpula del museo K21 Ständehaus de Düsseldorf. Como si estuvieran en una nube, los espectadores pueden caminar a más de 25 metros de altura por las seis grandes esferas y tres niveles de la transparente estructura aérea. http://www.tomassaraceno.com 

viernes, 8 de mayo de 2015

Gonzalo Fuenmayor en el Museum of Fine Arts, Boston

El artista barranquillero Gonzalo Fuenmayor inauguró su primera exposición individual en un importante museo norteamericano. Mitologías Tropicales es el título de la muestra que abre el Museum of Fine Arts de Boston. Fuenmayor explora el encuentro de culturas diversas que confluyen, pero que también se confrontan no sin violencia. Su obra apela al extrañamiento para revelar prácticas coloniales históricas que superviven en Colombia y Latinoamérica. 
http://gonzalofuenmayor.com/home.html






viernes, 24 de abril de 2015

El Plan Morgenthau de Anselm Kiefer

El 7 de abril se inauguró en Sao Paulo una exposición del ya legendario artista alemán Anselm Kiefer, en la sucursal de la galería White Cube. En pinturas, con su sello neo expresionista y gran formato, el artista plantea interrogantes sobre el Plan Morgenthau, con el que Estados Unidos pretendía convertir a la Alemania vencida de post guerra en un país agrícola, desmontando toda su industria. http://www.gagosian.com/artists/anselm-kiefer
Morgenthau Plan: Saculum Aureum (detail). 2014. Acrylic, emulsion, oil, shellac, gold leaf, and sediment of electrolysis on photograph mounted on canvas © Anselm Kiefer. Photo: Charles Duprat


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Esta obra del artista japonés Kazuo Shiraga se exhibe en la Galería Mnuchin, en Nueva York. La pintura terminada y expuesta no nos dice mucho de como fue resuelta. El artista, que estuvo vinculado al grupo vanguardista Gutai, le interesaba más la acción artística que el resultado por lo que pintaba colgado de una cuerda y solo utilizando los pies
. http://www.artnet.com/artists/kazuo-shiraga/


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El artista surcoreano MyeongBeom Kim muestra su instalación Untitled presentada en Arte Basel Hong Kong, la que estéticamente es atrayente, pero inquietante por esa hibridación (transgénica?) de lo animal con lo vegetal. http://www.myeongbeomkim.com/en/
 

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El arte muchas veces revela lo oculto o lo que no se quiere mostrar. La obra Gold in the morning del artista chileno Alfredo Jaar es una serie de fotografías sobre el degradante trabajo realizado por niños y hombres casi esclavos en las minas de oro de Serra Pelada en la Amazonia brasilera.
Actualmente se exponen en la Galería Luisa Strina, en Sao Paulo. http://www.alfredojaar.net

martes, 17 de marzo de 2015

La maldita circunstancia…

En su serie de pinturas, titulada Navegar, la artista cubana Jacqueline Brito construye una gran metáfora visual. Contrasta y combina las imágenes de veleros del siglo XVII con situaciones y juegos semánticos sobre la navegación en  internet y las redes sociales. Las mismas pinturas son como velas por lo que están sujetas a la pared con cuerdas y tensores.
Los íconos históricos son retomados para servir de símbolos de nuevas situaciones. Es un volver atrás poéticamente para acentuar los cambios acelerados y las nuevas situaciones del presente. Aunque alguien podría interpretarlo como la alusión a un síntoma del subdesarrollo: el acceso a las Tics contemporáneas con las velocidades de pasadas épocas.
A pesar de la evidente desventaja gnoseológica que tiene la navegación virtual frente al viaje real, para la artista la primera tiene ventajas sobre la segunda. “Cuando viajas por océanos de información no corres el riesgo de zozobrar y te sientes tranquilo desde la seguridad de tu casa” lo dice con cierto tono socarrón.
Como vemos, Jacqueline entrecruza distintos conceptos de navegación y, afianzando la ironía, mezcla signos divergentes y leva anclas al deseo de navegar y a la necesidad de ampliar el radio de comunicación con el mundo.
Una circunstancia que ha marcado su vida es que ella ha vivido toda su vida en una isla. Y vivir en una isla nos es lo mismo que vivir en el continente. En la isla todo largo camino termina en el mar. “La isla te condiciona geográfica y culturalmente y si la isla está bloqueada el sentimiento de hacinamiento es mayor”,  como se logra advertir en la tela Facebook, donde pequeñas cabezas de cerámica de diferentes fisonomías denotan la diversidad y la apretujada convivencia multicultural. Por ello, a veces brota un recóndito deseo de conjurar “la maldita circunstancia del agua por todas partes” como lo cantó magistralmente el poeta Virgilio Piñera.
De asociaciones, no siempre libres, surgen extrañas imágenes que nos atraen por lo ilógico, pero terriblemente posible, como la ciudad que habita en un inmenso barco a la deriva, suma de edificios que transitan por un mar infinito. La vemos como una desolada ciudad utópica o como la imagen metafórica de transnacionales que navegan libres por el mundo y no tienen territorios o gobiernos a quien rendir cuentas.
“No se logra ver, pero allí suceden cosas, por eso titulé esa pintura Links y le adicioné una serie de textos magnéticos” me cuenta la artista. La mayoría de esos textos son palabras inconclusas, que demandan la unión con otras sílabas para ser terminadas y poder ser comprendidas o quizás, su propia existencia truncada revela el verdadero sentido de lo que acontece.
Los títulos de las obras son suplementos verbales que son tomados de la terminología del mundo digital y es claro que están ahí para que sean como un guiño para el espectador, una llave que abre una puerta o un detonante para provocar la reflexión o el encuentro con campos de sentido.
Como todo artista cubano bien formado, Brito realiza una amplia investigación para la producción de su obra. Algunos de sus referentes van desde los viajes de Ulises a su querida Ítaca hasta las enigmáticas pinturas de las “Aguas territoriales” de su compatriota Luis Martínez Pedro. Y, más cerca de nosotros, le han interesado las obras que se relacionan con la migración y el éxodo, como las singulares e inquietantes barcas del cubano Kcho.
Además de pigmentos, la artista utiliza materiales heteróclitos que involucra en sus composiciones formales. Ella se cuida de que estos materiales le aporten significado a la obra porque ya traen una carga simbólica.
Pero también, al venir de una cultura povera a Jacqueline Brito le gusta tratar con materiales reciclables, esos que se arrojan por inservibles o que ya cumplieron su ciclo de consumo. Esto le obliga a trabajar “artesanalmente” para ajustar, incrustar o ensamblar muy bien los objetos tridimensionales con la superficie pictórica.
Ser una artista cubana no es fácil y Jacqueline se siente como una “sobreviviente, porque tienes que batallar todos los días para lograr objetivos, los materiales escasean, tienes que ser tu propio representante, el mercado que se impone y tienes que ser astuto para que no te timen, sobre todo los extranjeros…”

Ante la nueva situación política que se desprende del reinicio de relaciones diplomáticas de Cuba con los Estados Unidos ella tiene claro que vendrán trasformaciones culturales y los cubanos se abrirán más al mundo global. “Mucha gente quiere expresarse, pero cuidado, uno debe tener raíces firmes, saber lo que tú quieres, que no te seduzcan los cantos de sirenas y que se mantenga la nacionalidad y esos valores patrios, que no fueron impuestos sino consecuencia de un recorrido histórico”.

domingo, 25 de enero de 2015

La pintura picotera: Arte singular desde el Caribe colombiano

El IX Carnaval Internacional de las Artes (2015) se inspira esta vez en la estética que se ha desarrollado alrededor del picó y para diseñar el afiche del evento fue encargado el pintor de picós William Gutiérrez o el Maestro William como se le conoce popularmente.
La pintura picotera se ha consolidado en la región Caribe con una estética muy definida de formas, temáticas, cromatismo y plasticidad que le imprimen su sello de identidad específica. Es una pintura de composiciones recargadas con colores estridentes, fluorescentes, de virulentos contrastes de matiz y tono. “Así atraen más. Las pinturas muy sobrias o equilibradas no son llamativas para los dueños de los picós” me dice William, que accedió a la entrevista bajo los frondosos árboles de los jardines de la Escuela de Bellas Artes, de donde él egresó en 1986.
Él se ha dedicado toda su vida a pintar picós y hoy lo invitan a congresos de Diseño Gráfico en Argentina y Chile, para que diserte sobre el estilo de pintura picotera del Caribe colombiano, tan original que no se ve en ninguna otra parte del mundo. También desde Toulouse, Francia y Finlandia lo contratan para que plasme pinturas picoteras que participan en festivales y ferias artísticas. “Esto es puro arte popular, que va en contravía de las convenciones académicas”, explica.
Los temas de la pintura picotera presentan una carga de ingenuidad y alegorías simples. La sátira y rivalidad con los otros picós están presentes en muchos trabajos. El dueño siempre quiere que su picó sea el mejor y más potente.  El retrato es un tema recurrente, ya sea del dueño, de un hijo o de un personaje famoso, especialmente cantantes de salsa y guaracheros como Celia Cruz, Héctor Lavoe, Cheo Feliciano y otros.
Uno de los temas más solicitados es el de guerreros, rambos y superhéroes fuertemente armados, que son alegorías del poder y la guerra con la que el dueño alude a la potencia del sonido de su picó.
O el poderío y terror se representa mediante una fauna depredadora de leones, tigres y cobras, ubicados en un paisaje caribeño con palmeras e iluminado con una luz tropical refulgente que va a tono con el cromatismo exaltado.
Gutiérrez aplica dos capas de pintura. Una primera con vinilos primarios y la superior con colores fluorescentes y contrastantes. A diferencia del lienzo convencional, la tela de picó es bastante porosa y no puede ser tan tupido su tejido porque después ahogaría el potencia sonora de los parlantes.
En algunos casos, para reforzar el lado decorativo el cliente exige que a la pintura se le apliquen brillos y escarchas y últimamente los picós son ornamentados con luces led, sobre todo para hacerlos más visibles por las noches.
La pintura siempre va acompañada del título y un slogan o frase de combate que refuerza lo que el dueño quiere expresar. El Coreano, el tanque de guerra. El Isleño, el león de la Salsa. El Gran Pijuán, el campeón del mundo. El Rojo, la cobra de Barranquilla. El Solista, la potencia nuclear. El Sibanicú, el azote africano. El Timbalero, el que arrolla sin agüero.

Se parte de la idea que impone el dueño del picó. El artista le ayuda a redondear la composición e introduce algunos elementos complementarios. Casi siempre hay una figura central, totémica, lo que habitualmente condiciona a trabajar una composición simétrica. Nunca el artista actúa libremente y plantea un tema original, por lo que siempre termina siendo una pintura colaborativa.
El artista es el hacedor, pero los significados de la pintura mayoritariamente los designa el dueño del picó, que desea verse representado o identificado con ella. En muchos casos la idea que trae el picotero ya es una apropiación de ideas de otras personas, convirtiéndose al final la pintura de picós en un arte de factura colectiva, muy similar a intencionalidades y procesos que impulsan reconocidos artistas contemporáneos.
Esta práctica pictórica era marginal hace varias décadas y estuvo por mucho tiempo relegada a algunos sectores del sur de Barranquilla. En los setentas y ochentas del siglo pasado existían las verbenas en algunos barrios y las fiestas patronales de los pueblos y un pequeño grupo de picós satisfacían la demanda. Hoy cada dueño de estadero, bar, cantina y hasta tienda de barrio quiere tener un picó con una pintura que lo identifique.
Por ello, William dice que en la actualidad lo que hace falta son pintores ante tanta demanda. “La estética se ha extendido y hasta en restaurantes y sitios de estrato seis nos contratan para que decoremos con pintura picotera. Lo curioso es que diseñadores y publicistas universitarios se están apropiando de la pintura picotera y la están difundiendo en otros sectores sociales”.
Barriosnuevo afirma que fue Gerson el que inició la tendencia de pintar picós en Barranquilla, cuyo trabajo para el Gran Pijuán es uno de los íconos más recordados por los verbeneros de hace cuatro décadas. Pero, el que consolidó esta estética popular fue Belisario de la Mata que firmaba como Belimastth, un  pintor empírico de vinilos y esmaltes chillones que a comienzos de los 70s desarrolló un estilo particular y fue imitado por muchos pintores populares. No solo pintaba picós, también inundó bares, cantinas y otros negocios del centro y sur de la ciudad de murales con su sello inconfundible. Hoy solo quedan algunas fotografías de los Belimastth de aquellos tiempos.
William reconoce que aprendió con un pintor que se firmaba Alsander, otro de los pioneros de esta tendencia, en una época cuando se trabajaba con brocha y pincel y vinilos normales, porque después se utilizó el aerógrafo siendo más rápido y fácil trabajar los degradados de los volúmenes.
Al Maestro William lo consideran hoy en Barranquilla como el mejor pintor de picós y sus compromisos así lo confirman: No tiene tiempo para aceptar un contrato más sino hasta varios días después de carnaval. La mayoría de dueños de picós prefieren su estilo antes que el de otros colegas.
“Como yo estudié en la academia yo tengo una ventaja técnica con respecto a ellos que son empíricos, pero esa aparente desventaja les otorga la envidiable facultad de ser más primitivos y más originales”. De ahí que Gutiérrez muchas veces tenga que pelear contra su formación académica para no traicionar la espontaneidad y esencia de la pintura picotera.