domingo, 25 de enero de 2015

La pintura picotera: Arte singular desde el Caribe colombiano

El IX Carnaval Internacional de las Artes (2015) se inspira esta vez en la estética que se ha desarrollado alrededor del picó y para diseñar el afiche del evento fue encargado el pintor de picós William Gutiérrez o el Maestro William como se le conoce popularmente.
La pintura picotera se ha consolidado en la región Caribe con una estética muy definida de formas, temáticas, cromatismo y plasticidad que le imprimen su sello de identidad específica. Es una pintura de composiciones recargadas con colores estridentes, fluorescentes, de virulentos contrastes de matiz y tono. “Así atraen más. Las pinturas muy sobrias o equilibradas no son llamativas para los dueños de los picós” me dice William, que accedió a la entrevista bajo los frondosos árboles de los jardines de la Escuela de Bellas Artes, de donde él egresó en 1986.
Él se ha dedicado toda su vida a pintar picós y hoy lo invitan a congresos de Diseño Gráfico en Argentina y Chile, para que diserte sobre el estilo de pintura picotera del Caribe colombiano, tan original que no se ve en ninguna otra parte del mundo. También desde Toulouse, Francia y Finlandia lo contratan para que plasme pinturas picoteras que participan en festivales y ferias artísticas. “Esto es puro arte popular, que va en contravía de las convenciones académicas”, explica.
Los temas de la pintura picotera presentan una carga de ingenuidad y alegorías simples. La sátira y rivalidad con los otros picós están presentes en muchos trabajos. El dueño siempre quiere que su picó sea el mejor y más potente.  El retrato es un tema recurrente, ya sea del dueño, de un hijo o de un personaje famoso, especialmente cantantes de salsa y guaracheros como Celia Cruz, Héctor Lavoe, Cheo Feliciano y otros.
Uno de los temas más solicitados es el de guerreros, rambos y superhéroes fuertemente armados, que son alegorías del poder y la guerra con la que el dueño alude a la potencia del sonido de su picó.
O el poderío y terror se representa mediante una fauna depredadora de leones, tigres y cobras, ubicados en un paisaje caribeño con palmeras e iluminado con una luz tropical refulgente que va a tono con el cromatismo exaltado.
Gutiérrez aplica dos capas de pintura. Una primera con vinilos primarios y la superior con colores fluorescentes y contrastantes. A diferencia del lienzo convencional, la tela de picó es bastante porosa y no puede ser tan tupido su tejido porque después ahogaría el potencia sonora de los parlantes.
En algunos casos, para reforzar el lado decorativo el cliente exige que a la pintura se le apliquen brillos y escarchas y últimamente los picós son ornamentados con luces led, sobre todo para hacerlos más visibles por las noches.
La pintura siempre va acompañada del título y un slogan o frase de combate que refuerza lo que el dueño quiere expresar. El Coreano, el tanque de guerra. El Isleño, el león de la Salsa. El Gran Pijuán, el campeón del mundo. El Rojo, la cobra de Barranquilla. El Solista, la potencia nuclear. El Sibanicú, el azote africano. El Timbalero, el que arrolla sin agüero.

Se parte de la idea que impone el dueño del picó. El artista le ayuda a redondear la composición e introduce algunos elementos complementarios. Casi siempre hay una figura central, totémica, lo que habitualmente condiciona a trabajar una composición simétrica. Nunca el artista actúa libremente y plantea un tema original, por lo que siempre termina siendo una pintura colaborativa.
El artista es el hacedor, pero los significados de la pintura mayoritariamente los designa el dueño del picó, que desea verse representado o identificado con ella. En muchos casos la idea que trae el picotero ya es una apropiación de ideas de otras personas, convirtiéndose al final la pintura de picós en un arte de factura colectiva, muy similar a intencionalidades y procesos que impulsan reconocidos artistas contemporáneos.
Esta práctica pictórica era marginal hace varias décadas y estuvo por mucho tiempo relegada a algunos sectores del sur de Barranquilla. En los setentas y ochentas del siglo pasado existían las verbenas en algunos barrios y las fiestas patronales de los pueblos y un pequeño grupo de picós satisfacían la demanda. Hoy cada dueño de estadero, bar, cantina y hasta tienda de barrio quiere tener un picó con una pintura que lo identifique.
Por ello, William dice que en la actualidad lo que hace falta son pintores ante tanta demanda. “La estética se ha extendido y hasta en restaurantes y sitios de estrato seis nos contratan para que decoremos con pintura picotera. Lo curioso es que diseñadores y publicistas universitarios se están apropiando de la pintura picotera y la están difundiendo en otros sectores sociales”.
Barriosnuevo afirma que fue Gerson el que inició la tendencia de pintar picós en Barranquilla, cuyo trabajo para el Gran Pijuán es uno de los íconos más recordados por los verbeneros de hace cuatro décadas. Pero, el que consolidó esta estética popular fue Belisario de la Mata que firmaba como Belimastth, un  pintor empírico de vinilos y esmaltes chillones que a comienzos de los 70s desarrolló un estilo particular y fue imitado por muchos pintores populares. No solo pintaba picós, también inundó bares, cantinas y otros negocios del centro y sur de la ciudad de murales con su sello inconfundible. Hoy solo quedan algunas fotografías de los Belimastth de aquellos tiempos.
William reconoce que aprendió con un pintor que se firmaba Alsander, otro de los pioneros de esta tendencia, en una época cuando se trabajaba con brocha y pincel y vinilos normales, porque después se utilizó el aerógrafo siendo más rápido y fácil trabajar los degradados de los volúmenes.
Al Maestro William lo consideran hoy en Barranquilla como el mejor pintor de picós y sus compromisos así lo confirman: No tiene tiempo para aceptar un contrato más sino hasta varios días después de carnaval. La mayoría de dueños de picós prefieren su estilo antes que el de otros colegas.
“Como yo estudié en la academia yo tengo una ventaja técnica con respecto a ellos que son empíricos, pero esa aparente desventaja les otorga la envidiable facultad de ser más primitivos y más originales”. De ahí que Gutiérrez muchas veces tenga que pelear contra su formación académica para no traicionar la espontaneidad y esencia de la pintura picotera.

domingo, 21 de diciembre de 2014

Mirar y notar, andar y descubrir

El mundo está lleno de objetos, más o menos interesantes; yo no deseo añadir ninguno más. Prefiero simplemente plantear la existencia de las cosas en términos de tiempo y/o espacio.
Douglas Huebler

A principios de 1968, el artista japonés On Kawara enviaba cada día dos tarjetas postales a otros artistas o a varios amigos. En el reverso, estampado con un sello de caucho, aparecía el mensaje “I got up” (me levanté) y la indicación puntual del lugar, del día y la hora correspondiente. De este modo, Kawara transfería el instante cotidiano de levantarse al centro de un sistema de comunicación particular.
De manera similar, en su obra Presencia al vacío el artista barranquillero Dylan Altamiranda utiliza verbos para denotar acciones cotidianas, de esas que realizamos todos los mortales en el día a día de nuestra existencia. Un sinnúmero de actividades ligadas al trascurrir de la vida, que pudieran considerarse anodinas o trascendentes dependiendo del valor que cada uno le asigne. 
Pero, a diferencia del japonés, a Dylan no le interesan sus propias acciones sino las que realiza el espectador, por ello presenta los verbos en primera persona singular del presente indicativo, obligando al que lee a escucharse internamente y pensar y/o reflexionar sobre la acción aludida. Estos verbos están velados dentro de composiciones acromáticas y el público que mira está destinado a “descubrirlos”.
Al primer golpe de vista se pudiera pensar que la instalación es deudora del arte abstracto, pero ya dentro del espacio expositivo nos percatamos que no es una obra sobre la abstracción, aunque se valga de composiciones geométricas, sino más bien es una ambientación referente a las acciones básicas que puede ejecutar cualquier persona y la significación de las mismas. La obra de este joven artista, egresado del Programa de Artes Plásticas de la Universidad del Atlántico, la podemos interpretar como el arte de describir o de analizar procesos energéticos visualmente no perceptibles.
Lo que en algún momento puede descubrir el espectador es que, mientras piensa en un quehacer que desarrolla cotidianamente, se encuentra moviéndose por el espacio artístico realizando acciones cuya escritura va a encontrar en los intersticios blancos que liberan las composiciones geométricas. Anticipándose a lo que hará el público o sugiriendo lo que podría hacer, el artista se concentra en develar una estética de la percepción y activar juegos de lenguaje motivantes de acciones que más allá de lo imaginado pudiera desplegar el espectador.
Dialogante con algunos planteamientos de Camnitzer y de Meireles, la obra de Altamiranda más que reflexionar sobre el contexto, lo urbano o la naturaleza, como mayoritariamente vemos en los grandes escenarios de las Artes Visuales, transita por avenidas neoconceptuales contemporáneas e insiste en colegir el examen sobre los componentes mentales del arte a la luz de los actualizados procesos de percepción.

sábado, 1 de noviembre de 2014

10 obras de ArtBo que detienen la mirada

La feria de Arte de Bogotá, ArtBo 2014, que llegó a su primera década de existencia,  congregó a 66 galerías de 29 países en su sección principal, 14 proyectos de artistas curados por el barranquillero José Ignacio Roca, novedades como el lanzamiento de la sección Referentes y el fortalecimiento de la muestra Artecámara que reúne a lo mejor de la escena emergente del arte colombiano.
Entre casi 400 artistas, son varias las obras importantes de maestros reconocidos nacional e internacionalmente que pudimos ver en ArtBo. El recorrido por cada uno de los pabellones a veces fue rápido y otras veces más lento, dependiendo de la atracción o inquietud que pudieron despertar los trabajos de los artistas. He seleccionado diez obras de arte de ese recorrido más lento, justo de esas que obligan a detener la mirada.
1. Los Carpinteros (Dagoberto Rodríguez Sánchez, Cuba, 1969 y Marco Antonio Castillo Valdés, Cuba, 1971). Clavos Torcidos, 2014. Instalación. Objetos metálicos.
Los Carpinteros magnifican el objeto común y corriente dándole otra significación. Unos ordinarios clavos torcidos y oxidados corren con la suerte de ser desechados como cosas estropeadas e inservibles, pero aparece el arte y se convierten para Los Carpinteros en entidades estéticas que al ser engrandecidas cobran valor como objetos artísticos que crean su propio espacio instaurativo. 

 2. Bobby Walsh. Shirt II. (Composición en rojo y azul). 2014. Objeto.
Walsh realiza un proceso de deconstrucción estética sobre un objeto de uso masivo. El artista logra visualizar en la camisa una composición en rojo y azul, similar a las que trabajaron en el pasado muchos artistas del arte abstracto y se da a la tarea, con gran minuciosidad, de cortar y retirar la tela dejando solo los hilos de color, liberando la trama geométrica pero conservando la forma fantasmal de la camisa.

3. Voluspa Jarpa. “Translation Lessons”, 2012-2014. Procesual. Fotografías, cajas de luz.
Esta artista chilena contrata a un profesor de inglés para que le ayude a leer este idioma y así poder comprender varios archivos desclasificados de la CIA norteamericana. Voluspa  manipula los textos, los entreteje, los ordena de una u otra manera para ver si es posible sacar a la luz siquiera algunas verdades sobre criminales sucesos políticos ocurridos en su país natal.

4. José́ Olano. Insomnio. 2014. Instalación.
José Olano, de Cartagena, asimila las herencias conceptuales de las actitudes que devienen forma y utiliza los pocos elementos del cuarto del artista y los instala en el espacio, solo sostenidos por delgadas vigas de madera. El peso de los objetos, el empuje de los maderos y la resistencia de paredes y techo crean un equilibrio precario y generan unas presiones y tensiones solo equiparables a las producidas por una pesada noche de vigilia sin poder conciliar el sueño.

5. Delcy Morelos. Agua salada organizada, 2014. Instalación.
El cuerpo es el que recibe los embates de la represión política. Morelos se niega a mostrar las apariencias y se concentra en el cuerpo interno, cuerpo orgánico con sus fluidos y viscosidades contenidas o derramadas, como las sustancias densas y pigmentadas que utiliza la artista cordobesa para revestir una y otra vez fiques y cáñamos, logrando una minimalista e inquietante representación de las formas.

6. Graciela Sacco. De la serie Tensión admisible. Retrato. 2011-2013.
La artista proyecta sobre la pared miradas de personas del común, de las masas angustiadas o desconsoladas por frustraciones sociopolíticas. En la oscuridad nada se revela. Sólo cuando la luz ilumina los cuchillos es cuando afloran los ojos que han sido previamente fotoserigrafiados sobre la hoja de metal, todo lo contrario a las luces que usaron los torturadores para cegar las miradas de las víctimas de la dictadura.

7. Henrique Oliveira. Meiose. Objeto.
Este artista brasilero recupera las maderas contrachapadas que se utilizan en las vallas de las construcciones de Sao Paulo para desarrollar sus instalaciones y objetos transfigurados. Meiose alude a una reproducción celular incontrolada, especie de orgánico fibroma que crece desordenadamente negando las formas rígidas y geométricas a que ha sido sometida la madera del mueble de estilo.

8. Edwin Monsalve. Sala de rehabilitación. 2014. Instalación.
Partiendo de las relaciones del arte con la ciencia y la naturaleza, Monsalve recupera un árbol enfermo que fue talado para en su lugar levantar una construcción. El artista lo somete a los mismos cuidados que haría un ortopedista con su paciente. Le aplica unos “tutores externos” (aparato ortopédico de rehabilitación) y otras asistencias para mantenerlo vivo y que pueda regenerarse, para luego ser trasplantado a otro lugar.

9. Daniel Acosta. Sistema Tectónico Integrado, 2014. Instalación relacional.
Moviéndose entre los campos de la escultura y la arquitectura, Acosta crea una instalación de varios círculos y niveles integrados excitando la oposición arriba-abajo. Al infundirle la función de muebles para sentarse, el público sustrae a la obra del campo de lo meramente objetual y convierte la instalación en un espacio de comunicación, activando su sentido más importante en torno a lo estético relacional.

10. Javier González. Recorridos, 2013. Óleo sobre lienzo.
Con el mismo tiempo y paciencia que pudiera tener un usuario del transporte público en Bogotá en medio de un embotellamiento, Gonzáles lleva a la pintura la imagen que encuentra repetida en muchos buses, producto del afán de dejar una huella o acaso del aburrimiento e impotencia que padecen los ciudadanos condenados a una mala planificación y desorden de los sistemas de movilidad urbana.

domingo, 27 de octubre de 2013

La 55º Bienal de Venecia, el deseo quimérico del Arte Actual


Venecia, la ciudad del Gran Canal, principal arteria acuática que tantas veces pintó El Canaleto, es por estos días el centro principal del mundo artístico. Venecia, "la Serenísima" como fue llamada por su poderío y neutralidad en muchas guerras europeas, es una ciudad de larga e importante historia con vocación marinera y poderío mercantil que se convirtió en una de las famosas ciudades-estados al final de la Edad Media, desarrolló una gran industria editorial a partir del siglo XVI y fundó a finales del siglo XIX la que hoy es la más importante Bienal de Arte Contemporáneo del mundo.
En efecto, la Bienal de Arte de Venecia arriba a su 55a edición y tiene abiertas sus puertas al público hasta el mes de noviembre, con una gran muestra de más de 4.500 obras de arte firmadas por 158 artistas invitados, sin contar las propuestas artísticas que enviaron 88 países ni las obras de un programa de unos 40 eventos expositivos colaterales. La muestra es tan grande que se encuentra distribuida por todos los distritos en los que se divide la ciudad italiana y tuve la ansiosa impresión de que es imposible visitar todo detenidamente en pocos días.
La exposición principal es una curaduría del italiano Massimiliano Gioni, crítico y director del New Museum de Nueva York, que parte de la idea de El Palacio Enciclopédico, un proyecto de diseño que el artista autodidacta italoamericano Marino Auriti presentó el 16 de noviembre de 1955 en la Oficina de Patentes de EE.UU. Consistía en un museo imaginario que estaba destinado a albergar todo el conocimiento del mundo y que reuniera a los más grandes descubrimientos de la raza humana, desde la rueda hasta el satélite. Encerrado en su garaje en el centro de Pennsylvania, Auriti trabajó en su idea durante muchos años y construyó una maqueta de un edificio de 136 pisos con setecientos metros de altura, que cubriría unas dieciséis cuadras en Washington, DC.
El quimera de Auriti nunca se realizó, por supuesto, pero el curador Gioni rescata de este caso el sueño del artista, el mismo sueño recurrente de la historia del arte y de la humanidad, que comparte con muchos otros artistas, escritores, científicos y autoproclamados profetas, que han tratado de construir, a menudo de forma inútil, una imagen del mundo que capture su infinita variedad y riqueza.
Por lo anterior, uno percibe que la Bienal es como un museo temporal que muestra el resultado de una investigación sobre las muchas formas en las que se han utilizado infinidad de imágenes para organizar el conocimiento y dar forma a nuestra experiencia del mundo. Es un museo de los oficios, de los artefactos, del bricolaje, de la mixtura y de la apropiación y es también un espectáculo sobre las obsesiones y sobre el poder transformador de la imaginación.
Sobre este mundo de hipervisibilidad, donde en todo momento somos bombardeados con millares de imágenes, Gioni plantea la situación que debemos reflexionar: ¿Qué espacio queda para las imágenes internas destinadas a nuestros sueños, alucinaciones y visiones, en una era asediada por los imágenes externas? ¿Y cuál es el sentido de crear una imagen del mundo cuando el mundo mismo se ha convertido cada vez más a una imagen?
El Palacio Enciclopédico es entonces una inmensa exposición que se ha instalado en dos espacios venecianos. Una parte ocupa el Pabellón Central de los Jardines de la Bienal, y la otra parte se encuentra en el Arsenal, que fue un astillero y base naval del siglo XIII que jugó un papel principal en la construcción del poderío naval veneciano.
La exposición se inaugura en el Pabellón Central con una presentación del Libro Rojo de Carl Gustav Jung, una colección de visiones y fantasías, un manuscrito ilustrado que el famoso psicólogo trabajó durante más de dieciséis años. El Libro Rojo de Jung marca el inicio de una reflexión sobre las imágenes y los sueños interiores que logré apreciar una y otra vez durante el recorrido a la Bienal.
En las extensas salas del Arsenal, el curador quiso organizar la exposición como una progresión de lo natural a formas artificiales, siguiendo la disposición típica de los gabinetes de los siglos XVI y XVII de curiosidades. La maqueta de Auriti le da la bienvenida al espectador, como una puerta hacia la imaginación y la utopía.
El curador Massimiliano Gioni direcciona el concepto de Palacio Enciclopédico a múltiples perspectivas, con una fuerte presencia de la noción de archivo o catálogo infinito de signos. Son muchas las obras que se estructuran bajo esta idea y se componen de la compilación de una gran cantidad de imágenes ordenadas y dispuestas de diferentes maneras. Por ello no es extraño encontrarnos con libros hechos a mano, colecciones, taxonomías, catalogaciones de estampas y verdaderos archivos de la fantasía.
En este campo podemos ubicar la obra Franz Kafka, Diarios II del colombiano José Antonio Suárez, que se compone de una larga vitrina a dos caras donde se exhiben 366 dibujos numerados y con fecha de realización. El artista dibujó uno cada día durante un año bisiesto mientras se leía varios textos del autor de La Metamorfosis. Lo que había leído e imaginado al final del día lo transformaba en un dibujo en un libretica de apuntes, utilizando diferentes técnicas y estilos formales.  
Suárez fue seleccionado directamente por el curador Gioni porque este conoció los dibujos del antioqueño cuando expuso parte de su obra en el año pasado en el Drawing Center de Nueva York.
Asimismo, Gioni le apostó a la disolución de los límites de lo artístico y a las operaciones interdisciplinarias. Especialmente, en la falta de distinción entre el artista profesional y el creador que opera por fuera del sistema. Definitivamente, tuve que detenerme ante una serie de extraños y fascinantes objetos, instalaciones, telas, collages y tejidos de Arthur Bispo do Rosário, un anónimo artista brasileño que estuvo por más de 50 años confinado en un hospital siquiátrico en la Colonia Juliano Moreira en Río de Janeiro. Desde una óptica alternativa, su sitio de reclusión le sirvió como refugio del mundo alienado y le proporcionó la tranquilidad para producir esa extática y delirante obra. Si antes fue un rechazado de la sociedad, hoy es sinónimo de genio y de orgullo para los brasileros, hasta el punto que se ha creado el Museo de Arte Contemporáneo Bispo do Rosário que atesora una colección de 806 obras del otrora indeseable y chiflado personaje.
Es refrescante ver la obra titulada Venecia, Venecia, del chileno Alfredo Jaar, que cuestiona el modelo de organización de la misma Bienal al presentar una gran maqueta de los edificios y jardines donde se desarrolla el evento, la que emerge de una alberca de cuatro metros de lado para volver a sumergirse en las aguas verdes de Venecia cada tres minutos. Con esta propuesta Jaar creó una gran polémica porque al hundir los pabellones (y volver a aparecer cual fantasmas) la intención del artista fue invitar poéticamente a los organizadores a replantear el modelo obsoleto de representaciones nacionales de la Bienal de Venecia.
En el centro del Arsenal me topé con un proyecto curatorial de Cindy Sherman, el cual me llamó poderosamente la atención porque se presenta como una curaduría dentro de la curaduría, un espectáculo dentro del espectáculo, compuesto por más de doscientas obras de más de treinta artistas, lo que se percibe como un museo imaginario de su propia invención. Fuertes contrastes de ideologías y épocas, pensamiento político y culturas, pero también de formas y talentos artísticos que se encuentran y contraponen en este proyecto de Sherman. Poner en el mismo espacio y nivel una escultura etnográfica de Jimmie Durham, un inmenso “juguete” de Paul McCarthy y un desnudo femenino hiperrealista de John DeAndrea es una verdadera provocación.
Desacelerando el paso, me quedé observando dos propuestas sustentadas en la multiplicidad de la imagen. La primera, De repente, este panorama del dúo suizo Fischli & Weiss, que comprende 150 esculturas en arcilla sin cocer que compilan una serie de interpretaciones de conceptos históricos e imaginarios, como una celebración de la incomprensible variedad y profusión de hechos banales que existen en nuestro mundo. La otra, Venecianos del polaco Pawuel Althamer, consiste en 90 esculturas de hierro, resina acrílica y polietileno de personajes tamaño natural en diversas actitudes. El artista viajó a Venecia previamente y tomó moldes de rostros y manos de muchos venecianos, los que ahora se pueden identificar y le imprimen un aliento humano a la enorme instalación.
Extraordinarias las pinturas expresionistas de Maria Lassnig, una artista austriaca que por más de 60 años ha pintado una auténtica enciclopedia del cuerpo a través de sus obras, Sus autorretratos alucinantes revelan descarnadamente los estados tumultuosos de su psiquis.
También percibí grandes contrastes en esta Bienal que se agudizan si llegamos a comparar los delirantes e incontables álbumes de collages de Shinro Ohtake con la gélida geometría de Channa Horwitz o con la minimalista instalación de Walter De Maria. Llama la atención también la gran diversidad e ingenio en la utilización y tratamiento de los dibujos, muchos dibujos y en todas las técnicas, collages, instalaciones, videos, pinturas, fotografías en HD, objetos, esculturas y pocos performances.
Más adelante, En el Pabellón de América Latina del Instituto Ítalo-Latinoamericano (IILA) se puede ver la obra del colombiano François Bucher. Un video que muestra un milenario parque de esculturas, que data de unos 10.000 años de antigüedad, descubierto en la década del 50 por el criptólogo y antropólogo peruano Daniel Ruzo en la meseta de Marcahuasi, en Perú. Los grandes bloques de roca natural esculpidos con una técnica peculiar evidencian formas antropomorfas y zoomorfas solo cuando los rayos del sol los iluminan, en horas y estaciones específicas del año.
También en la muestra de artistas latinoamericanos curada por Alfonso Hug se destaca la instalación de especias Campo de color de la boliviana Sonia Falcone. Esta artista cubre el suelo con cientos de vasijas de arcilla llenas de pimienta, curry, canela, mostaza, achiote, tomillo, y otras especias, en una variedad de texturas y colores que atrae inevitablemente la mirada y sensibiliza fuertemente el olfato del visitante.
Fuera de la exposición central están las muestras de los pabellones nacionales. Una de las exposiciones más interesantes es la de Cuba instalada en el Museo Arqueológico de la Plaza de San Marcos y que lleva por título La perversión de lo clásico: anarquía de los relatos. Lo que hasta hace pocos años era un imposible artístico hoy todavía sorprende, ver como en las mismas salas se configura un diálogo excepcional entre las instalaciones contemporáneas de los artistas cubanos y siete invitados internacionales, entre ellos Hermann Nitsch, con las esculturas clásicas de la Roma antigua. Una verdadera colisión estética y artística, un salto conceptual de 2000 años cohabitando en el mismo espacio expositivo. Se me antoja, que el busto de Julio César mira alucinado, sin atinar a comprender, unas pequeñas pantallas de video encerradas en jaulas de palma que relatan aspectos cruciales de la cultura cubana.
El renombrado y polémico artista chino Ai Weiwei, que expone en el pabellón de Alemania,  confronta las tradiciones chinas con la sociedad actual y se lamenta de que las antiguas y significativas sillas Bang, de tres patas, hoy se estén cambiando por vulgares sillas de plástico.  Son 886 sillas que estructura la instalación y cada una de ellas puede ser la metáfora del individuo actual. 
Por otro lado, en el pabellón de China, se puede apreciar las fotografías de Wang Qingsong, quien se dedicó a coleccionar y a comprar cualquier cantidad de libros, revistas, catálogos, enciclopedias y diccionarios para poder tomar una foto. Síguelo es una de las fotografías escenificadas que realiza Quinsong donde reflexiona sobre el sistema educativo en China. El artista cuestiona que la mayoría de los chinos no leen muchos libros y si los leen no los comprenden ni valoran en realidad el conocimiento. En la fotografía se ve el personaje que parece que se ha leído muchos libros de esa inmensa biblioteca, pero que no atina a escribir una sola hoja bien y sus esfuerzos se encuentran regados por el suelo.
Desde muchos lugares se observa en la isla de San Giorgio una inmensa escultura de 11 metros de altura del cuestionado artista británico Marc Quinn. La pieza es una réplica inflable de una obra creada en honor de la pintora contemporánea Alison Lapper, quien nació sin brazos y con las piernas inutilizadas –una enfermedad llamada focomelia– y permitió ser representada por Quinn desnuda y embarazada. La obra fue instalada en la plaza de la iglesia de San Giorgio Maggiore y no ha sido muy del gusto del patriarca ni de los directivos de iglesia católica.

Al final, resaltamos que a diferencia de otras versiones en esta el curador no invitó a muchos artistas célebres, y de varios maestros consagrados se exponen obras muy conocidas y fechadas en el siglo pasado (Nauman, Serra, Gober). Esto nos ubica frente a un gran número de obras de nuevos maestros con tendencias y formas nuevas de hacer arte o por lo menos distintas a las ya reconocidas. Por este y por otros aspectos que he tocado, la 55º Bienal de Venecia vale la pena ser vista y ser cavilada, aunque sabemos que ella muestra solo una parte de lo que se está haciendo en el mundo del arte, nos pone en perspectiva para seguir reflexionando y vislumbrando los nuevos caminos que traza el arte contemporáneo.