jueves, 23 de diciembre de 2010

Revisión histórica y discurso estético en Bellas Artes

Siete décadas lleva por título la exposición que se encuentra abierta al público en la Galería de Arte La Escuela de la Facultad de Bellas Artes de Barranquilla. Con la curaduría de Eduardo Vides y Danny González, la muestra destaca las trayectorias de siete maestros de la plástica nacional que desarrollaron su producción artística en el Caribe colombiano: Alejandro Obregón, Ángel Loochkartt, Delfina Bernal, Álvaro Barrios, Álvaro Herazo, Efraín Arrieta y Antonio Iginio Caro.
El nombre de la exposición es denotativo de los años de vida que tiene la Escuela de Bellas Artes, elevada a Facultad de la Universidad del Atlántico desde 1979. Son 70 años desde que el filósofo Julio Enrique Blanco concibió la idea de que la sociedad barranquillera y caribeña necesitaba una escuela de artes para completar la mayoría de edad como sociedad civilizada y humanista.
Por otro lado, esta historia de 70 años de Bellas Artes coincide felizmente en su nacimiento con el Salón Nacional de Artistas Colombianos, cuya versión inaugural tuvo lugar en Bogotá en 1940, siendo su gestor el Ministro de Educación de la época, el siempre recordado mártir Jorge Eliécer Gaitán. Curiosamente, en ese Primer Salón Nacional un joven pintor del Caribe obtuvo mención de honor cuando solo contaba con 20 años de edad; me refiero a Enrique Grau, que concursó con la reconocida tela Mulata Cartagenera.
Esta muestra intenta desde los criterios curatoriales impulsar una revisión histórica de los aportes que la institución, a través de los talentos que han pasado por sus talleres, ha brindado a la cultura artística en el ámbito nacional y en algunos casos en el concierto internacional. Se parte de la evidencia histórica de que los siete artistas expositores han trascendido las fronteras regionales y han dejado su huella indeleble en los relatos de la plástica colombiana.
Lo anterior, refrendado por la conquista del máximo galardón de la plástica en Colombia por parte de dos de ellos, Obregón y Loochkartt. En efecto, Alejandro Obregón se llevó el primer Premio del XIV Salón Nacional de Artistas, en 1962, por su magistral tela Violencia y Ángel Loochkartt obtuvo la máxima distinción en el XXX Salón Nacional de 1986 con su expresiva pintura El ángel nos llama.
Los dos también obtuvieron reconocimientos internacionales, que se suman a las incursiones en el ámbito americano de Álvaro Barrios, como el primer premio recibido en la I Trienal Latinoamericana de Grabado de Buenos Aires, 1979, por su reconocida obra de los Grabados Populares.
Visto así, la facultad de Bellas Artes de la Universidad del Atlántico y, especialmente, su programa de Artes Plásticas han sido en sus 70 años de vida nido y fuente de la aportación creativa al desarrollo de las Artes Visuales en la escena de la cultura colombiana, además de su sitial de liderazgo, con su espíritu avant-garde, en el devenir de las prácticas artísticas en el Caribe colombiano.
Otra de las cualidades que podemos destacar en este grupo de maestros es la inalienable voluntad de todos de ir a contracorriente del arte establecido y ubicarse al margen de los convencionalismos imperantes en sus respectivas épocas. Todos ellos tuvieron una actitud de ruptura en la plástica colombiana y, justamente por ello, descollaron como vanguardia y sus prácticas artísticas pudieron trascender los anquilosados límites del arte practicado por sus congéneres.
Al igual que la revisión histórica que hacen los curadores, también sería interesante profundizar en el análisis y valoración del discurso estético avant-garde que individual y colectivamente ha brotado en los talleres y aulas de la institución en todos estos años de producción artística. Podríamos partir, por ejemplo, de la exuberante tela El Torocondor de Obregón pintada en 1960, en uno de los períodos creativos más interesantes del artista. Esta obra, junto a otras de la misma época como Violencia y Amanecer en los Andes son paradigmas de uno de los mejores lenguajes pictóricos sólidamente estructurados en la historia del Arte en Colombia, que llevó a Marta traba a considerar que “a partir de Obregón la pintura colombiana decidió su suerte ingresando en el arte contemporáneo universal…”
Cuando el espectador se acerca al Torocondor puede notar la complejidad de tonalidades y texturas, de planos espaciales y manchas de color que estructuran una imagen donde alcanzamos a ver la fusión de los dos animales arquetípicos del mundo obregoniano. La fuerza telúrica del toro señor de la tierra y el dominio y gracia del vuelo del cóndor rey de los aires.
El toro y el cóndor también pueden ser entendidos como metáforas de las concepciones que Obregón tenía de la indómita naturaleza del Caribe y de Colombia. La hibridación encarna el concepto de integración y grandeza de lo natural, por su comprensión y admiración de la conciencia humana, o también, “el encuentro de dos culturas: América y Europa; el rito desde el mundo indígena y desde la cultura occidental” como muy bien lo anota Carmen María Jaramillo.
Quizás, en ningún otro pintor colombiano logramos observar la maestría de mezclas de grises y rojos, de capas de pintura y planos espaciales, como en Obregón con su Torocondor. Una amplia y vibrante gama de grises que colisionan con el fulgor y potencia matizada de los rojos, para consolidar un cromatismo de excelso contraste y recia factura plástica.
Muy distintos a los de Obregón son los grises que Delfina Bernal desplegó en su obra Paisaje de Mar (1966). En Delfina su gama de grises es más enjuiciada, más en sordina, para lograr servir de escena a la nueva figuración de órganos anatómicos y formas orgánicas erotizadas, y el atrayente foco de pronunciado relieve de la izquierda del cuadro que nos recuerda al episodio informalista europeo.
Con un expresionismo diferente al de Obregón, Ángel Loochkartt logró consolidar un vehemente lenguaje de pinceladas matéricas y manchas de color de gran fuerza expresiva, como lo atestigua su tela Los Ángeles de Luca Signorelli (1994). En Loochkartt la pintura se libera de convenciones y atavismos, privilegia el gesto y se convierte en un acto repentino de explosión de la sensibilidad, en una práctica de sentir e interpretar el mundo con base en la dimensión neuro-emocional del artista. Junto a otros creadores como Norman Mejía, Luis Caballero y Leonel Góngora, este pintor barranquillero ha marcado su impronta en la plástica colombiana.
En otro sentido, la obra Una Momentánea ausencia de razón (1993) de Álvaro Barrios resume las conquistas plásticas y conceptuales del artista: El collage, la intención pop, la estética del comic y la apropiación duchampiana. Barrios presenta su lenguaje particular derivado de las tiras cómicas de Dick Tracy y lo torna objetual al presentarlo en cajas, a la manera de Joseph Cornell, como objetos inquietantes que se muestran al desconcierto del público. Con Álvaro Barrios se abre el capítulo de los movimientos postvanguardistas en el Caribe y junto con Beatriz González y Bernardo Salcedo consolida la apertura del arte colombiano hacia tendencias más contemporáneas.
Un collage con mayor fuerza conceptual lo cultiva Efraín Arrieta en la serie de obras Collage (1980), cuando colecciona con expectante y lúdica actitud los cachos últimos de papel quemado de incontables cigarrillos de mariguana y los pega pacientemente en sucesivas capas superpuestas para formar una especie de paisaje en ocres benjuí o una composición de la más pura abstracción poética.
De todos, Álvaro Herazo es la figura descollante que impulsó el performance en el Caribe y en Colombia. Con una fuerte carga intelectual, sus acciones performáticas se anticiparon a la de muchos otros artistas nacionales. En Información es poder (1983), Herazo exalta la acción, la palabra y lo efímero, como elementos que responden mejor a un pensamiento postmoderno y que en su articulación son cuestionadores de situaciones del poder. Su temprano deceso no le permitió alzarse con un premio nacional, el que sí capitalizó su asistente y heredero del performance Alfonso Suárez en 1994.

Y lo efímero y procesual nutre de significado la obra Vida Eterna (1987) de Antonio Iginio Caro. Las fotografías que se presentan son el registro, a la manera del conceptualismo de los setentas, del derretimiento progresivo de un ícono religioso moldeado con parafina. Ya la vela no alumbra al santo, este materialmente se consume, en una acción iconoclasta que subvierte el ritual católico presagiando su desaparición.


Como asumo que con los siete maestros no se agotan las siete décadas de aportes de Bellas Artes a la plástica nacional, la obra de Caro bien puede servir de eslabón para la siguiente exposición donde se destacaría Alacena con Zapatos (1978), obra cimera del arte conceptual en Colombia, con la que el Grupo Experimental El Sindicato ganó el primer premio en el XXVII Salón Nacional de Artistas colombianos. Si con Obregón se abrió la puerta de la modernidad en la pintura colombiana, con Alacena con Zapatos se inicia la época de las conquistas postmodernas del Arte Actual.

jueves, 9 de diciembre de 2010

Lo único que permanece es el cambio

Una exposición sobre arte efímero se presenta en La Casa Encendida de Madrid. Los organizadores consideran a On & on como la primera muestra de arte efímero en España, una expresión momentánea y fugaz que, bajo una forma muy estética, se consume delante y con el espectador.
La exposición, con la curaduría de Flora Fairbairn y Olivier Varenne, pretende activar la memoria personal de los visitantes y hacer palpable la declinación inevitable de la naturaleza que con el paso del tiempo se transforma.
No se trata de piezas que persiguen fijar una imagen para la posteridad, como lo persiguen otras obras objetuales y más convencionales, sino que pretenden abrir los ojos a la magia del instante, a la poesía del presente, con los cambios y transformaciones que conlleva.
Los curadores enuncian el concepto central de la muestra: “Vivimos en un mundo sometido a un control constante por parte de los medios. Los artistas responden con obras efímeras que, por su naturaleza, no se pueden rastrear «realmente». Usan materiales que tienen una vida limitada o que están en constante evolución. Estas obras tan dispares, diseñadas en algunos casos para un entorno concreto, tienen en común su interés por los estados de cambio. Evolución, disolución, memoria, fragilidad y envejecimiento”.
Cada vez que el visitante se acerque a ver la exposición verá una muestra diferente, nunca será la misma. Lo único que realmente permanece es el cambio, el proceso, la propia transformación.
La forma de conseguir esta evolución en la puesta en público de la obra es utilizando materiales perecederos como chocolate, fruta, seres vivos, hielo o cera; y realizando actos fugaces en los performances que se representan dentro de la muestra.
Las obras de On & on pretenden jugar con los sentidos del espectador para que, de alguna manera, evoquen recuerdos y sensaciones pasadas y lo inviten a participar en la muestra.
Dentro del conjunto de obras podemos observar una habitación bañada de chocolate o velas encendidas derritiéndose mientras dibujan grandes círculos en el suelo (Anya Gallaccio), pájaros emitiendo sonidos a través de cinco guitarras eléctricas y tres bajos (Céleste Boursier Mougenot), un tapete colgante de fresas descomponiéndose sobre un pájaro disecado (Claire Morgan) y flores químicas que paulatinamente invaden un escritorio de oficina (Steiner/Lenzlinger).
También, se observa una vídeo-instalación que muestra cómo la huella de un cuerpo sobre el pavimento se desvanece bajo la lluvia (Andy Goldsworthy), el derretimiento de un bloque de hielo gigante teñido (Kitty Graus), la huella que queda en nuestro recuerdo cuando la obra de arte ha desaparecido (Chiharu Shiota) y la obra ganadora del prestigioso Premio Turner: una habitación en la que la luz se enciende y se apaga (Martin Creed).
En esta última obra, de enfoque minimalista, nada se agrega o se quita del espacio de la galería. Lo único que cambia es la percepción del espectador de la arquitectura y de otros visitantes, el espacio se llena de luz y luego desaparece en la absoluta oscuridad a intervalos de cinco segundos. Al exponer este trabajo en el Premio Turner 2001, Creed desafió las ideas tradicionales de la exhibición artística, en particular, las expectativas del espectador dentro del contexto del museo. La obra invita al visitante a volver a evaluar las normas y convenciones, centrando la atención en la estructura misma de la galería.

lunes, 6 de diciembre de 2010

El triunfo de lo sonoro en el arte actual

¿Todavía es válido hablar de Artes Visuales para designar el campo de lo que consideramos Arte? Fuera del dominio netamente auditivo, que imágenes llega a activar una instalación sonora? ¿Será que un video silente podría ser premiado en un evento musical? Cuáles son los posibles límites del Arte? Todas estas preguntas vuelven a formularse a raíz del premio Turner, que se entrega cada año en Londres a un artista británico.
En esta oportunidad, la artista escocesa Susan Philipsz (Glasgow, 1965) ha sido galardonada con el premio Turner 2010 que, por primera vez, reconoce la puesta en público de una instalación sonora, la obra Lowlands (Tierras bajas) inspirada en una canción popular escocesa del siglo XVI.
La artista de 45 años competía por esta distinción, probablemente la más importante del arte contemporáneo europeo, con el pintor británico Dexter Dalwood, el dúo The Otolith Group, formado por Anjalika Sagar y Kodwo Eshun, y la española afincada en Londres Ángela de la Cruz. El premio está dotado con 30.000 euros.
Afincada en Berlín desde hace nueve años, Philipsz grabó tres versiones de la canción que protagoniza la obra e inicialmente las hizo sonar simultáneamente bajo los tres puentes que atraviesan el río Clyde de su ciudad natal, antes de que estas llenaran las galerías de la Tate. Lowlands cuenta la historia de un hombre que muere ahogado en el mar y vuelve para despedirse de su amada.
La Tate Britain expone hasta el próximo 3 de enero la obra de la ganadora y las de los otros finalistas del Turner, un premio que tiene la pretensión de "promover un debate público sobre los nuevos acontecimientos en el arte contemporáneo británico".
El Premio Turner suele caracterizarse por la concurrencia de obras polémicas, como los animales en formol de Damien Hirst o la habitación con luces que se encendían y apagaban de Martin Creed.
Con el objetivo de impulsar el debate público sobre los nuevos desarrollos en el arte contemporáneo británico, este premio es ampliamente reconocido como uno de los más importantes y prestigiosos de las artes en Europa, aunque casi siempre genera enconadas y sesudas discusiones sobre la "verdadera naturaleza del arte".
Los miembros del jurado del premio han sido Isabel Carlos, directora del Centro de Arte Moderna (CAMJAP, Lisboa); Andrew Nairne, director ejecutivo de Estrategia de las Artes del Consejo de las Artes de Inglaterra; Polly Staple, director de la Chisenhale Gallery, y Philip Hensher, novelista y crítico de arte.
Te dejo con el video de la obra ganadora:

sábado, 27 de noviembre de 2010

Marta Minujín: Mediática y provocadora

El Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires, Malba – Fundación Costantini, termina su ciclo anual de exposiciones con una retrospectiva de la artista argentina Marta Minujín (1941) con más de 100 obras que se centran en su producción de las décadas del 60, 70 y 80. Curada por Victoria Noorthoorn, la exposición invita al público a adentrarse en las obras y las acciones más y menos conocidas de la artista, realizadas tanto en Buenos Aires como en París y Nueva York, entre otras ciudades.
“El objetivo principal de esta exposición es acercar al público la complejidad, coherencia, y densidad crítica de una obra que conocemos poco; y enfatizar su pertinencia contemporánea”, sostiene la curadora.
El público podrá apreciar las obras de la artista organizadas de manera cronológica, desde sus pinturas de 1959 y sus tempranas obras informales hasta sus proyectos de participación masiva de la década de los 80, pasando por sus ambientaciones multicolores de 1964 y 1965, los trabajos sobre los medios de comunicación de 1966, su experiencia hippie hacia 1968, sus óperas ficcionales de 1972 y sus proyectos de crítica sobre la realidad latinoamericana durante los tardíos años 70.
En la muestra están representadas sus obras más paradigmáticas, como La destrucción (1963), ¡Revuélquese y viva! (1964), La Menesunda (1965), El Batacazo (1965), Simultaneidad en Simultaneidad (1966), Importación-Exportación (1968), Kidnappening (1973), The Soft Gallery (1973), Imago Flowing (1974), La academia del fracaso (1975), Comunicando con tierra (1976), El Obelisco de pan dulce (1979), El Partenón de libros (1983) y Operación Perfume (1987), entre muchas otras.
La curadora desataca de la Minijín esas “facetas relativas a una producción que además de libertad, vorágine, exceso y egocentrismo, se caracteriza también por su método, precisión, rigor, resistencia, generosidad y un fundamental espíritu crítico, todas cualidades que claramente han contribuido a conformar una producción de vanguardia tan variada como compleja.”
La investigación presenta a Minujín en diálogo con su tiempo, con los eventos nacionales e internacionales que se sucedieron en los diversos momentos de su producción y con las comunidades artísticas con las cuales se relacionó, tanto en la Argentina como en el mundo. Da cuenta de la forma en que la siempre provocativa producción de Minujín respondió, desde un primer momento, a una década de continuas transformaciones –los 60-, que vio nacer y desarrollar el nuevo realismo, el Pop, el arte conceptual, el arte de la performance, el happening, el arte de los medios, el videoarte, la psicodelia y el arte de acción y que, a su vez, transitó períodos de dictadura y violencia a nivel nacional y situaciones mundiales tan paradigmáticas como la Guerra.
En 1962, Minujín empieza a trabajar con colchones usados y luego -en el terreno baldío de la impasse Ronsin de París-  realiza La destrucción, 1963, en la que invitó a colegas a intervenir sus obras con cartones y colchones para luego destruirlos y prenderlos fuego. En simultáneo, empieza a crear sus primeros colchones inventados, pintados con colores estridentes sobre tela de colchón y cosidos por sus propias manos.

A fines de la década del 60, la artista explora la intersección del arte con los medios de comunicación masiva, a partir de la teoría de Marshall MacLuhan sobre las mediaciones. En 1966, junto con los artistas Allan Kaprow (EE.UU.) y Wolff Vostell (Alemania) diseñó Three Country Happening, una obra que sucedería en simultáneo en cada una de las respectivas ciudades de origen: Buenos Aires, Nueva York y Berlín. La consigna establecía que cada uno debía crear un happening que los otros habrían de reproducir en el mismo día y horario en sus respectivas ciudades. En Buenos Aires, Minujín propuso y realizó la acción Simultaneidad en simultaneidad, el único de los tres happenings que pudo realizarse, gracias al tesón de Minujín, quien además creó la ficción de la simultaneidad.
En Minuphone, 1967, Minujín presentaba una cabina telefónica similar a las presentes en las calles de Nueva York, que sorprendía a sus visitantes con una serie de efectos especiales aleatorios que convertían la experiencia en algo fuera de lo convencional: “un modelo desalienado”, como lo definía la artista.
Por su parte, Minucode, 1968, fue una “ambientación social” en formato de videoinstalación, presentada en el Center for Inter-American Relations (hoy Americas Society) de Nueva York. Allí podían verse las filmaciones de cuatro cócteles realizados con integrantes de diversos campos profesionales (económico, político, de la moda y artístico), quienes previamente habían respondido a una convocatoria pública efectuada por la artista en varios periódicos norteamericanos.
A comienzos de la década del 70, en un contexto de protestas civiles contra la guerra en Estados Unidos y las noticias sobre la represión de la dictadura militar en Argentina, Marta Minujín realiza en Nueva York, entre otras, dos importantes acciones en las que los performers son los protagonistas: Kidnappening, una combinación ficcional de secuestro y happening, e Imago Flowing, que fusionaba ópera y happening.
De regreso en la Argentina, y en una Latinoamérica mayormente oprimida por sanguinarias  dictaduras, a partir de 1976 Minujín focaliza su mirada sobre la región y elabora un importante conjunto de obras que cuestionan la brutal realidad, mientras reivindican la importancia de los lazos sociales así como la afirmación de la subjetividad. Entre las obras más destacadas de este período se encuentran la dupla Comunicando con tierra y Autogeografía.
Otra obra paradigmática que refiere a la realidad latinoamericana es la que Marta realiza en 1985 con Andy Warhol una vez restaurada la democracia, El pago de la deuda externa con mazorcas de maíz. Durante esta acción, que Minujín lleva a cabo en The Factory, la artista “paga” simbólicamente a Warhol la deuda externa argentina con mazorcas de maíz.
En 1978, Minujín es invitada a participar en la I Bienal Latinoamericana de Arte en el Parque Ibirapuera de Sao Paulo. En tal ocasión, y en sintonía con sus preocupaciones sobre la realidad política, la artista propone horizontalizar el Obelisco de Buenos Aires. “Minujín construyó un obelisco de las mismas dimensiones del Obelisco porteño, recostado y recorrible por dentro. Con este gesto, buscaba ‘desplazar un mito de un país a otro, alterar la ley de gravedad del mundo [transformar] lo vertical en horizontal y producir un estado de conciencia oblicua dentro del símbolo Obelisco. No es difícil de percibir, en este proyecto, la crítica que la artista enunciaba respecto del estado de las cosas vigente en la Argentina de ese momento y, específicamente, respecto del sistema verticalista por excelencia propio del régimen militar”, señala la curadora.
Las obras de participación masiva, en las cuales el arte es concebido como herramienta para el fortalecimiento de los lazos sociales, culminan en la Navidad de 1983, pocos días después de restituida la democracia en la Argentina, con el monumental El Partenón de libros, donde los 20.000 libros que lo recubren (la mayoría de los cuales fueron censurados durante la dictadura militar) son luego distribuidos por Minujín entre bibliotecas públicas y el público presente.
“Con este gesto y el posterior desarme de la obra, Minujín cumplía su objetivo de que la obra ‘vuelva al público’”, explica la curadora Victoria Noorthoorn. Otras dos acciones de participación que Minujín organiza sobre la avenida 9 de Julio son Operación Perfume, 1987 y Rayuelarte, 2009.

lunes, 22 de noviembre de 2010

Estética política en Mona Hatoum

La reconocida artista Mona Hatoum (Beirut, 1952) expone en la Fundación Marcelino Botín en Santander, España,  un grupo selecto de obras que ha realizado en los últimos cuatro años y que reflexionan sobre la vivencia colectiva y la naturaleza crítica de la creación contemporánea.
La muestra titulada Le Grand Monde, abierta hasta enero de 2011, ha sido curada por  Chus Martínez y contará con trabajos emblemáticos de Hatoum como Hot Spot II (2006) y Undercurrent (red) (2008), junto a otras piezas directamente vinculadas a la experiencia personal de la artista remitida al exilio, el dolor, el destino y las crisis identitarias, que podrían provocar en el espectador reacciones contradictorias de atracción y rechazo.
Es muy interesante el análisis que realiza la curadora Chus Martínez sobre una de las obras más significativas de la exposición, Hot Spot II. Ella dice: “la obra activa una comprensión de la diferencia que existe entre saber que el conflicto existe, que tenemos acceso a múltiples formas de representación del mismo y la dimensión de lo que uno ha vivido, de lo que sabemos, de nuestra percepción, incluso dentro del caos, de que hay un orden. Al mismo tiempo, la obra no ilustra este segundo estadio de ninguna manera. Al contrario, el trabajo es el fruto de una toma de decisión: hacernos pensar en una imagen irrepresentable y contra el sentido común: que todo está en rojo. Sería erróneo referir este o cualquier trabajo a la necesidad de formular un juicio ético por parte del espectador. Esta operación tiene que ver con un interés profundo por la relación entre representación y abstracción. La imagen es clara, el globo aparece, el mundo está representado. Y, sin embargo, todo a permanece en el ámbito de la construcción mental, más aún la total incandescencia. La perspicacia de una artista como Mona Hatoum es ayudarnos a dramatizar los límites de la imaginación, los límites de nuestra comprensión al fin y al cabo”.
La artista se sirve de objetos domésticos y del propio cuerpo humano para ahondar en la condición de lo propio y en las problemáticas inherentes a la convivencia. En el núcleo de estas nuevas obras se encuentra también una honda reflexión en torno a los límites del lenguaje.
Mona Hatoum, residente en Londres desde 1975, es autora de performances, instalaciones, vídeos y esculturas por los que fue nominada al Turner Prize en 1995 y en julio pasado ganó el Premio Käthe Kollwitz otorgado por la Academia de las Artes de Berlín, lo que reseñamos en este blog.  Su obra se ha mostrado en el Museum of Contemporary Art de Chicago, la Tate Modern londinense o el Centre Pompidou.

Es muy atrayente la visita virtual a Le Grand Monde que puedes realizar en la Web de la Fundación Botín. Permite recorrer el espacio y desde un determinado lugar de la exposición mirar en cualquier dirección, así como hacer zoom para observar cualquier detalle que nos rodea de una manera panorámica. Además, incorpora una Galería de Obras que permite navegar por cada una de las piezas expuestas y obtener información multimedia de cada una de ellas. La visita virtual no sustituye la experiencia de ver y sentir de cerca las obras y el espacio, pero es una forma atractiva y formativa para los que no podemos acudir físicamente a la sala de exposiciones.
Para que tengas una mejor aproximación al significado de los trabajos, en esta página de Másdearte.com puedes ver y escuchar a Mona Hatoum explicando sus obras.

sábado, 20 de noviembre de 2010

Volver a mirar el río mediante el Arte

Drift 10  :  Julius Popp  :  bit.fall from 3 Trousers on Vimeo.

Hasta mediados de enero de 2011, los visitantes de Londres podrán apreciar en un tramo del río Támesis, en el centro de la ciudad y en Canary Wharf, una serie de obras de arte actual instaladas en el agua y en sus riberas. Se trata de la Bienal de Arte Contemporáneo Drift 10 cuyo propósito es presentar el arte en el espacio público, favoreciendo el encuentro de las personas con el río Támesis mediante obras impactantes de arte contemporáneo.
Como lo expresa la curadora Caroline Jones, "Estamos encantados de ayudar a llevar el arte directamente en la vida de las personas que disfrutan del río. Las obras de arte son de dominio público para que la gente se encuentre de forma natural. Hacer arte contemporáneo libremente a disposición del público es lo más significativo de lo que hacemos"
Frank Bolter  ' To the World's End ' from 3 Trousers on Vimeo.

Utilizando una sorprendente tecnología, el artista Julius Popp (Alemania) ha instalado dos   impresionantes cataratas en dos lugares del río. En el trabajo, titulado bit.fall, se aprecia como las palabras de las noticias en vivo caen velozmente a través de una cortina de agua. La increíble tecnología utilizada para crear bit.fall permite que las palabras aparezcan en el aire formadas por gotas del agua del río. bit.fall estará ubicada en el paseo de Bankside, cerca de la Tate Modern, así como bajo el paso del puente DLR, en Canary Wharf.
Por su lado, el artista Frank Bolter (Alemania) construye con la ayuda del público un inmenso barco de papel utilizando la técnica del origami. Lo poético de la acción se potencia cuando el artista se aleja navegando realmente en su barco por el río Támesis.
Otra obra incluye la producción de luz de niebla, utilizando la energía eólica, para ser instalada en medio del río junto al muelle de Bankside, mientras que la velocidad y la intensidad de la vida londinense serán fijadas en una instalación de vídeo en la Ribera Norte, frente a la Tate Modern.

viernes, 12 de noviembre de 2010

El sentido del registro de la acción

Desde el 6 de noviembre se encuentra abierta en el Museo Guggenheim de Bilbao, España, la exposición Haunted: Contemporary Photography/Video/Performance, que reúne  a más de de un centenar de obras de sesenta artistas contemporáneos, como Sophie Calle, Marina Abramovic, Robert Rauschenberg, Richard Prince, Andy Warhol, Ana Mendieta, Cindy Sherman, Jeff Wall y otros, para analizar las múltiples maneras en las que la iconografía fotográfica se ha incorporado a la práctica artística reciente y su exclusivo poder como medio de reproducción.
Las fotografías, pinturas, vídeos, instalaciones y piezas cinematográficas que conforman la muestra se fechan entre la década de los sesenta y el momento actual. Estas obras subrayan las magníficas posibilidades expresivas que ofrecen las técnicas de grabación y la obsesión, tanto individual como colectiva, de los artistas actuales por acceder al pasado y por registrar la historia del arte, muchas veces en forma de fantasmales apariciones en performances con público o en rituales privados.
Como sabemos, los medios de reproducción y el performance se definen estructuralmente por la temporalidad fragmentada que presentan: se refieren de manera visceral a hechos pasados que se perciben en el presente, de tal manera que metafóricamente los muertos resucitan y el espectador queda suspendido entre la historia y lo reciente. Es esa cualidad la que ha otorgado a la fotografía y al performance una especie de poder mágico desde su nacimiento, y por lo que se ha considerado que la fotografía trasciende la muerte para recordarnos constantemente, como un memento mori, el inexorable paso del tiempo.
En esta muestra llama la atención las seis piezas representativas de la producción de la cubano-americana Ana Mendieta, gran exponente del arte del cuerpo y el Land Art, fallecida trágicamente a los 36 años en Nueva York. Igualmente, una serie de cuatro fotografías realizadas  por Jeff Wall para el Deutsche Guggenheim Berlín, donde se observa su particular enfoque cinematográfico con composiciones que describen de forma realista a personas en circunstancias familiares.
Haunted: Contemporary Photography/Video/Performance se distribuye a lo largo de la segunda planta del Museo en cinco categorías formales y conceptuales que giran en torno a las diferentes maneras de comprender y abordar el pasado por los distintos artistas que exponen. Ellas son:
Apropiación y archivo. A comienzos de los años sesenta, Robert Rauschenberg y Andy Warhol comenzaron a incorporar imágenes fotográficas en sus pinturas y establecieron así un nuevo método de producción visual que no se basaba en la entonces dominante abstracción gestual, sino en procesos mecánicos como la serigrafía. De ese modo, cuestionaron la noción del arte como expresión de un autor singular y heroico, y concibieron sus obras de una nueva manera: como depósito de información autobiográfica, cultural e histórica.
Desde entonces algunos artistas, incluyendo a Bernd y Hilla Becher, Christian Boltanski, Richard Prince, Sarah Charlesworth o Sherrie Levine han seguido este impulso archivístico, coleccionando fragmentos de la realidad por medio de la creación de nuevas fotografías o apropiándose de las existentes.

Muerte, publicidad y política. Andy Warhol tocó el lado más oscuro de una cultura mediática que florecía cuando creó sus pinturas serigrafiadas de Marilyn Monroe poco después de su muerte;  cultura mediática que durante la guerra de Vietnam se convirtió en parte integral de la vida diaria norteamericana. Hoy en día, con grandes canales de difusión y reproducción de imágenes, acontecimientos tan diferentes como el ataque al World Trade Center y las muertes de famosos como la princesa Diana y Michael Jackson pueden convertirse en algo traumático a escala global.
A raíz de esta nueva realidad cultural, artistas como Rachel Harrison, Adam Helms, Nate Lowman, Adam McEwen, Cady Noland, Walid Raad y Rosangela Rennó han reexaminado las estrategias de apropiación de imágenes prestando especial atención a los modos en que un conflicto político puede llegar a tener importancia global.

Documentación y reiteración. Desde comienzos de los años setenta, la documentación fotográfica, incluyendo el cine y el vídeo, ha sido un importante complemento en el arte de crear performances en directo, a menudo condicionando cuáles se representaban y a veces, incluso, obviando la necesidad de una audiencia. Debido a su carácter efímero, los artistas los han documentado en un intento de transmitir el significado de la obra. Para muchos creadores esos documentos asumen la función de reliquias, de objetos cuyo significado está profundamente ligado a una experiencia que ya se ha perdido en el pasado.
Las obras de artistas como Ana Mendieta, Marina Abramovic, Sophie Calle, Tacita Dean, Joan Jonas, Christian Marclay, Annette Messager y Zhang Huan examinan los distintos enfoques estéticos que inspiró el poder de repetición de la fotografía, la cual no sólo utilizaban para revivir sus performances (y las de otros), sino que con ella volvían a considerar la experiencia física de acontecimientos pasados. Estos artistas reconsideraron el propio documento como un objeto cargado de historia, prestando especial atención a su especificidad material.
Paisaje, arquitectura y el paso del tiempo. Una de las principales funciones históricas de la fotografía ha sido el registro de lugares en los que han ocurrido acontecimientos significativos, muchas veces traumáticos. Como observadores, únicamente nos quedan rastros con los que esperamos reconstruir los acontecimientos ausentes y del pasado en los campos, bosques, casas y oficinas que vemos. De esta manera, muchos artistas, entre otros Clemente Bernad, James Casebere, Spencer Finch, Carlos Garaicoa, Ori Gersht, Roni Horn, Sally Mann e Hiroshi Sugimoto, han vuelto a lugares vacíos en paisajes y arquitectura, creando poéticas reflexiones sobre el paso inexorable del tiempo e insistiendo en la importancia de recordar y rendir homenaje al pasado.
Lo traumático y lo siniestro. La fotografía no sólo ha tenido un gran impacto en cómo entendemos la historia, ha alterado, o como algunos teóricos defienden, ha reconfigurado completamente nuestro sentido de la memoria personal. Desde el nacimiento hasta la muerte, todos los aspectos de nuestras vidas se han reconstituido en imágenes junto con nuestras experiencias vitales.
Esta repetición, que se refleja en la propia tecnología del medio fotográfico, produce de manera efectiva una realidad alternativa en la representación que puede, particularmente cuando se trata de enfrentarse con hechos traumáticos, adoptar la fuerza de lo siniestro. Artistas como Gregory Crewdson, Anna Gaskell, Karl Haendel, Jeff Wall o Gillian Wearing explotan este efecto y construyen escenarios ficticios en los que el dolor y el placer de la experiencia personal vuelven con cualidades espeluznantes y de mal augurio.

domingo, 7 de noviembre de 2010

Pistoletto: El espectador dentro de la obra de Arte

El artista italiano Michelangelo Pistoletto (Biella, Italia, 1933), ampliamente reconocido como figura clave del arte italiano de los años cincuenta y sesenta y como fundador del Arte Povera, inauguró una exposición el martes pasado en el Museo de Arte de Philadelphia. Las más de cien obras que conforman la muestra Michelangelo Pistoletto: From One to Many, 1956-1974, proceden de colecciones públicas y privadas de Europa y Estados Unidos y muchas de ellas nunca antes se habían expuesto al público. Junto a ellas se mostrará la instalación interactiva Cittadellarte, que explorará la producción de Pistoletto recogida en el Centro de Arte y Cultura de Biella.
Esta exhibición será la más completa dedicada a Pistoletto en Norteamérica y explorará el contexto de transformación cultural que tuvo lugar en Europa Occidental tras la II Guerra Mundial, relacionando además el arte de esta artistas con la evolución de la creación americana e italiana desde la década de 1960, haciendo hincapié en el Pop Art, el Minimalismo y el arte Conceptual. Pistoletto ha ganado una considerable atención y reconocimiento a nivel mundial como una importante influencia en muchos artistas jóvenes y emergentes.   
La curaduría, a cargo de Carlos Basualdo, parte de sus autorretratos iniciales y analiza el revelador viaje del artista desde sus rigurosas auto-representaciones turinesas de mediados de los cincuenta hasta sus acciones de colaboración creativa de fines de los sesenta y principios de los setenta.
Pistoletto siempre mantuvo su incisiva exploración de las relaciones entre obra y espectador anónimo y con el tiempo comenzó a emplear cada vez más superficies reflectantes: en 1962 realizó la primera de sus Pinturas espejo, que incorpora la imagen reflejada del público y convierte la obra de arte en un objeto interactivo. Una selección de estas Pinturas espejo fechadas entre 1962 y 1974 permitirá a los visitantes estudiar la evolución técnica de Pistoletto, de los materiales que utilizó y de la sociedad y la política italianas del momento.
También se verán algunos de los trabajos de la serie Plexiglás, elaborados desde 1964 y que son precedentes del arte Conceptual, y los Trapos (Stracci) de los sesenta y los setenta que constituyen la fundamental contribución de Pistoletto a la consolidación del arte Povera. Elemento central de la muestra será su Oggetti in Meno, un grupo de objetos-esculturas creados entre 1965 y 1966 que cuestiona el énfasis del Minimalismo en la serialidad mediante piezas muy diversas e inspiradas en campos tan diversos como la artesanía, la arquitectura, el diseño y la cultura popular.
Cada uno de los cuerpos de trabajo expuestos se exhibirá en estrecho diálogo con el resto de obras y en orden cronológico, lo que permitirá al público comprender las obras de Pistoletto en relación con la transformación profunda y rápida del contexto italiano en el que trabajó.

sábado, 6 de noviembre de 2010

Si no se puede crear, algo debe ser destruido

En el Museo Tinguely de Basilea se encuentra abierta la exposición Under Destruction donde participan veinte artistas contemporáneos de renombre internacional. La muestra examina el uso y el papel de la "destrucción" en el arte contemporáneo.
Cincuenta años después de la histórica obra Homenaje a Nueva York de Jean Tinguely (una gran máquina dotada de movimiento y ruidos que se autodestruyó a los 20 minutos), esta exposición propone una serie de enfoques alternativos para un tema tradicionalmente asociado con el espectacular e inherentemente trabajo orientado hacia la protesta de Jean Tinguely y otros artistas en los años 50 y 60.
Con la sentencia "Si no se puede crear, algo debe ser destruido", es como la crítica norteamericana Rosalind Krauss resume sucintamente la obra La parte maldita, 1949, del filósofo francés  Georges Bataille. Si bien esta frase, básicamente, puede describir el espíritu de anuencia con la destrucción, la exposición aumenta las expectativas que están normalmente relacionadas con un tema visto como perjudicial. No sólo explora los diversos modos de destrucción en el arte, sino también se ocupa de otros tópicos: la percepción de destruirlo todo, la fuerza generadora destructiva  de medio ambiente, el memento mori,  la precipitación de los consumidores, hasta una forma de destrucción poética.
La exposición, predominantemente cinética, gravita en un verdadero entretenimiento donde gran parte de las obras revelan sus mecanismos en tiempo real para el espectador. La naturaleza sorprendentemente espectacular de algunas obras se complementa con un sentido inesperado para la sutileza y la quietud en otros trabajos, revelando la rica diversidad de la destrucción en el arte contemporáneo.
Como ejemplo de lo dicho está el video San Frigo, 1996,  de Jimmie Durham. El humor siempre ha sido un componente clave para su trabajo, y ciertamente se puede apreciar al comenzar su rutina diaria, durante diez días, lanzando piedras a su nevera durante una hora. Esta pieza habla de la destrucción como un ritual diario. A fuerza de este acto repetitivo e iconoclasta, Durham fue capaz de certificar una tendencia destructiva como una forma de afirmación.
Te invito a ver el siguiente video sobre la muestra, donde podrás observar algunas obras en movimiento: