viernes, 16 de abril de 2010

Menos Tiempo que Lugar. Arte de la Independencia: Ecos Contemporáneos


Menos Tiempo que Lugar es una exposición realizada en el Palais de Glace de Buenos Aires en el contexto del Bicentenario de la Independencia de América Latina, concebida por Instituto Goethe de Buenos Aires y con el apoyo del Ministerio Federal de Relaciones Exteriores de Alemania.
El curador Alfons Hug invito a 22 artistas de Latinoamérica y de Alemania para esta exposición que termina el 25 de abril. Durante 2010 y 2011, la muestra recorrerá varias ciudades de América Latina, incluyendo nuevos artistas, para culminar su recorrido en Europa. Una publicación de 300 páginas se editará al final del proyecto, con un texto curatorial y diversa documentación de la Curaduría.
El título de la Curaduría está inspirado en un poema de Mario Benedetti: Hay menos tiempo que lugar / no obstante hay lugares que duran un minuto y para cierto tiempo no ha lugar.
Los artistas que participan en esta exposición han explorado América Latina en todas las direcciones. Visitaron ciudades pequeñas y apacibles en el interior de los países y megalópolis desbordantes y abarrotadas. Sitios aferrados al pasado y modernas metrópolis que se han afanado de extirpar hasta los últimos vestigios de la historia. Con recursos contemporáneos, investigaron los 200 años de la Independencia de América Latina.
En el texto curatorial podemos leer:
Alexander Apóstol (Venezuela).  En un barrio pobre de Caracas, Alexander Apóstol hace que un grupo de personas lean en voz alta la Carta de Jamaica en inglés, idioma en que Bolívar la escribió originariamente. Como los encargados de leerla no dominan el inglés, el resultado es un balbuceo incomprensible cuyo efecto grotesco aumenta con el creciente entusiasmo de los actores aficionados. Así, el mesianismo político con sus eternas promesas y su declamación hueca es reducido al absurdo de manera sarcástica. Apóstol, al igual que otros artistas de esta exposición, dan cuenta de las desesperantes contradicciones de la realidad se refugian en un tratamiento satírico del Bicentenario.
Bjørn Melhus (Noruega/Alemania). El artista se lanza a los tumultos de la lucha en México. Armado hasta los dientes e inspirado en los tradicionales “charros”, los cowboys locales, intenta poner orden en parajes y ciudades desiertas. En México, la policía regular y el ejército oficial se ven confrontados regularmente a grupos paramilitares de toda índole, milicias y seguridad privada, con límites cada vez más difusos entre los diversos grupos. El artista exhibe con su performance armada a México como un país cada vez más militarizado.
Fernando Gutiérrez (Perú). Germán Grau parece salido de la pintura de una batalla histórica; sobre todo, por sus patillas sobredimensionadas y el uniforme de la marina peruana, que durante la Guerra del Pacífico entre 1879 y 1884 corrió diferentes suertes frente a Chile. El bisabuelo de Grau, el legendario almirante Miguel María Grau Seminario, conocido como el Caballero de los Mares, peleó heroicamente pero terminó sucumbiendo ante el país vecino. La derrota conllevó la anexión del extremo sur de Perú a Chile, un trauma del cual Perú no se ha recuperado hasta hoy.  El artista invitó al descendiente de Grau –el vivo retrato del almirante– a recorrer 4.000 kilómetros desde Lima hasta el sur de Chile a bordo de una vieja furgoneta VW. En el camino, el grupo visitó también el buque Huáscar, atascado en Talcahuano, y organizó performances en los pueblos costeros. Ya que es imposible corregir la historia, por lo menos se le puede dar una vuelta de tuerca irónica al culto a la personalidad tan común en América Latina.
Juan Fernando Herrán. El colombiano Juan Fernando Herrán contempla los barrios pobres para los cuales cada país latinoamericano posee una denominación propia, la mayoría de las veces eufemística: "villas" en Argentina, "barrios" en Caracas, "favelas" en Brasil, palabra esta última que mejor los describe, ya no desde el punto de vista de la deconstrucción sino de la construcción. Su serie fotográfica realizada en los suburbios de Medellín habla de volver cultivable la tierra en circunstancias adversas, de colocar la piedra fundamental y de formas primitivas de tomar posesión. Por doquier se extienden obras en construcción, se alzan postes, se afianzan muros y se construyen techos. Llaman la atención las líneas claras y la ordenada disposición. "Mi escalera para poder llegar a Dios" se lee en el Libro de los Muertos del antiguo Egipto. Ya el pintor Xul Solar intentaba escapar del Valle de Lágrimas con un bosque de escaleras. Porque, como se dice en la Argentina: "De todo laberinto se sale por arriba". En el caso de Herrán, se trata de empinadas escaleras de hormigón que conducen hacia arriba por un terreno infranqueable, y que recuerdan a los Teocallis del México antiguo. A modo de coronamiento escultórico construye una torre de Babel con maderas descartadas. "La montaña se compone de ruinas y de la memoria de los olvidados".
Leticia El Halli Obeid (Argentina). La artista recupera la historia trayéndola a una realidad poco espectacular. Subida a un tren en marcha en el conurbano de Buenos Aires, la artista transcribe a mano la Carta de Jamaica de Bolívar, mientras por fuera pasa un paisaje urbano deprimente. Un acto de escritura arcaico en un lugar que no admite la lírica. Es como si, con su  manuscrito, la artista buscara cerciorarse de cada palabra escrita por Bolívar. La densidad de su texto se codea con el pasado reciente:"En Buenos Aires habrá un gobierno central en que los militares se llevan la primacía, por consecuencia de sus divisiones intestinas y guerras externas. Esta constitución degenerará necesariamente en una oligarquía o una monocracia". En su performance Obeid compara lo que fue la promesa histórica con la realidad actual y en vista del abismo que surge, se pregunta críticamente por la legitimidad de las festividades en torno del Bicentenario.

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